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Nos reunimos en el restaurante Silo de San Antonio que realizó el arquitecto Davis Sprinkle hace unos años para tomar una copa y hablar de uno de sus últimos proyectos, una casa en una de las colinas de San Antonio. “Ubicamos la casa en una colina de una manera que no se veía desde el pie del monte. Se disuelve en el sitio por sus ventanales de cristal. La vista al Hill Country es asombrosa. Entonces imaginé líneas horizontales fuertes y una transparencia.” Comenta Davis sentado en un sofá rojo con una camisa negra. La casa pudiera ser un rectángulo alargado, si no estuviera cortado en su medio por una transparencia que atrae a la casa hasta el jardín atrás y que sirve de entrada. Un techo al aire libre y, en su medio, una entrada de cristal que sirve de unión entre los dos lados de la residencia. La vista se descubre a lo último, majestuosa, suspendida. or eso se llama la Casa del Cielo. Muchos ventanales para la mansión, minimalista por deseo de su dueño y de su autor. La filosofía del proyecto era ofrecer la máxima paz, la máxima armonía a una escala humana. “El plan es muy sencillo y toma en cuenta la orientación y las brisas.” prosigue Davis Sprinkle. “Tomamos también en cuenta la colección de arte existente, para crear algunos puntos focales que servirían para la colocación de los Motherwell, Roy Lichtenstein, de Kooning...” Davis es un hombre preciso que también intervino en la decoración. “Pocos muebles, “less is more” como decía Mies Van der Rohe.” añade Davis. Pocos, pero muy seleccionados. El arquitecto aprovechó las orientaciones para una ventilación natural, y refrescar la casa. Los techos de poca inclinación se adelantan más allá de las ventanas para refrescar la residencia sin obstruir la vista. El arquitecto se inspira mucho en las técnicas antiguas para encontrar soluciones ecológicas y para economizar energía. En San Antonio, los espacios son diferentes, y a veces el comedor es una extensión de la estancia. Colgada sobre la colina, la casa ofrece vistas vertiginosas, no tanto por la altura, sino por la fuerza de la naturaleza. Tiene un lado místico, misterioso. “Justo lo que me gusta en arquitectura.” me confiesa Davis y continua: “Trato, en mis proyectos, de conservar un lado misterioso, destilar el proyecto a su esencia.” El misterio crea el recuerdo, la dimensión de un lugar. Para muchos arquitectos modernistas, la arquitectura puede tener un lado espiritual. “Entre mis mentores están Luis Barragán, Richard Neutra. Me encanta el trabajo de Ricardo Legorreta, con quien realicé la biblioteca de San Antonio (ver C&G 245). Lo llamé sin conocerlo, cuando se trató de realizar el edificio rojo hacienda. Así empezó el proyecto.” Cada proyecto de Davis Sprinkle es diferente. Le encantó realizar un cubo rojo, quizá homenaje a uno de sus arquitectos favoritos, para esta casa de South Padre Island, una casa girada al interior. “Tener clientes geniales permite realizar proyectos interesantes.” Concluye Davis que está trabajando sobre un proyecto de restaurante, otro de una escuela y para residencias de menos favorecidos, porque uno tiene que dar lo que recibe.

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