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• TOKIO Orden-consumismo-riqueza-arquitectura- tradición-belleza
 
por Nicolas H. Sánchez-Osorio 17 abril de 2004

Con una comida, casi en familia, cálida y muy latinoamericana, los embajadores de Colombia en Japón, don Francisco Sierra y su encantadora esposa, Luz Estela Rodríguez de Sierra, despidieron al escultor y pintor Fernando Botero y a sus amigos que viajamos a Tokio para acompañarlo a la inauguración de su exposición. En la mesa de la embajada: la señora de Simon Locke, el homenajeado, nuestra anfitriona la esposa del Embajador Colombiano, Didier Imbert, organizador de la exposición en Tokio, la señora de Luis Smadeo Hernández, Meredith de Cordero, Sophi Vari, esposa de Botero, el embajador colombiano, Sophie Imbert, Luis Amadeo Hernández y Linda Velez de Gomez.

   

Nos Estrenamos en Tokio después de planear y posponer desde hace muchos años y en varias ocasiones este viaje. Una visita a Tokio si es la primera, impacta al máximo. Uno se queda plasmado y boquiabierto al primer contacto no tanto con el Japón, pero con su capital.

En el recinto del llamado Kusamatrix, una mega instalación que ocupa realizada por la artista japonesa Kusama Yayoi la reina de los globos rojos, que en un explosivo ambiente rojo y blanco entre espejos y enormes globos con puntos blancos se despliega toda una exuberante temática que ocupa gran parte del primer piso del museo de la torre Mori, en “Roppongi Hills” un complejo de avanzada arquitectura donde se casan cultura, moda, shoping, espacios, diseño y gastronomía. Mas de cien restaurantes ofrecen sus especialidades en el complejo.

Una ciudad abierta a todo. Que funciona. Y que marcha mil por hora, en un sistema ordenado, de disciplina civil. De sistemas. Por eso funciona. Por eso es bella. Es activa. Y es limpia. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, tirar en la calle una colilla de cigarro. Impensable que alguien se atraviese la calle antes de que cambie a verde el semáforo. Una propina a un taxi es considerada como una agresión a las buenas costumbres. Guante blanco. Autos impecables, bien pulido y que no hacen ruido. Se deslizan por Ginza la avenida mas importante de la ciudad, al menos la mas elegante, como si se resbalaran en una banda de mantequilla. Telerfonitis aguda. Shushi, sahismi y tepanyaquis interpretados magistralmente en acrílicos de colores, para llenar las vitrinas de los restaurantes, y cumplir con aquello de “de la vista nace el amor”! Es cierto se le antojan a uno esos fideos en consomé servidos con camarones, y que uno ataca cuando a la una de la tarde ya todos se mueren de hambre y corren al restaurante, o a la barra.

Jean Jacques Poch de Paris, Anne de Royere, el cronista de Reforma, y la Canciller Barco, ministra de Relaciones Exteriores, quien estuvo en Tokio representando a su país, para la inauguración de la exposición Botero.

 

No podíamos no desmañanarnos para estar presentes en las subastas del Atún que tienen lugar en el Mercado “Tsukiji” sin duda el mas grande mercado de pescados del mundo, en donde se encuentran las mas raras variedades, y en donde es famosa la subasta del Atún, que cada mañana comienza a partir de las cuatro y media de la mañana para terminar dos horas después y en la que contamos casi 100 de estos exquisitos ejemplares, tan solicitados en las mesas de los restaurantes de Tokio, en una de las ultimas ventas que cerro el mercado. Concluimos nuestra visita metiendonos a desayunarnos con sushi y cerveza, como se estila entre los trabajadores del mercado.

 

Guiados por Lloyd S. Nakano, ultimo en el grupo de gorrita, director del Seiyo Ginza, nuestro hotel en Tokio, y de todo un grupo de huéspedes alemanes, americanos y japonenses, que compartían la misma inquietud de nosotros, visitamos el mercados del pescado recorriendo sus naves y saboreando de puesto en puesto, pequeños cortes de fresquísimos cortes de sashimi.

 
 

Junko Koshino es una de las creadoras de moda mas destacadas del Japón, cuyas creaciones han invadido Europa, donde se venden a altísimos precios tanto en las boutiques de Londres, Milano o Paris. Su boutique en la muy exclusiva Aoyana, uno de los barrios donde se concentran la mayor parte de las boutiques de marcas internacionales, ocupa la planta baja y el primer piso de un edificio de arquitectura contemporánea, donde ella y su esposo, se instalaron en un enorme espacio, entre jardines y espejos de agua en medio de una decoración minimalista en donde los colores que imperan son el café oscuro, el blanco y el negro.

 

Los Chefs del Seiyo Ginza nuestro hotel en Tokio, quienes se ocupan de la restauración del exclusivo hotel de la cadena Rosewood en Tokio, misma que opera en México Las Ventanas al Paraíso en Cabo. Los menús son preparados a diario para complacer los gustos de una clientela internacional pero igualmente japonesa, ya que los ricos orientales prefieren por mucho el refinamiento y la sofisticación del Seiyo Ginza. Wen el grupo: Syoji Hirota, Chef ejecutivo del hotel, Mitsuhiro Tsubota, Chef especializado en la comida italiana y Makoto Iijima, chef especializado en la gastronomía francesa.

Cara, carísima la comida japonesa de Tokio. Una ciudad cara. Para una sociedad empleada y bien pagada. Que se invento primero la gallina o el huevo? Porque esta sociedad japonesa de consumidores que compran y compran todo el día no es gratuita. Gozan de buenos salarios y están acostumbrados, todos a trabajar. El milagro japonés?

Lloyd S. Nakano dirige este exclusivo hotel en Tokio, el Seiyo Ginza, alojado en un bellísimo edificio de arquitectura moderna diseñado en los ochentas por Kiyonori Kikutake. Renovado recientemente el hotel ofrece solamente 77 suites y un servicio de mayordomía las 24 horas del día. Lloyd, hotelero japonés paro con gran experiencia internacional ha formado un excelente grupo de trabajo. Entre ellos: Minoru Adachi jefe de mayordomos; Tomoyuki Hiyama jefe de botones; Yoko Sumida, jefa conserje; Lloyd S. Nakano, director del hotel y nuestro anfitrion en Tokio, Michie Tabuchi, la PR y organizadora de nuestra foto, y Shingo Shimamoto botones.

 

Los japoneses adoran: los vinos franceses, la moda, comer sushi todo el tiempo, los vinos franceses y los automóviles de lujo. Nissan exhiba en la avenida Ginza una de las elegantes de la capital, el nuevo “Mismo” como se ha bautizado a esta unidad de gran lujo en la que ya piensan los ricos japoneses.

 

Todo lo que es estatus excita mucha a los japoneses, cuya clase media alta, gana bien y mucho. Han desarrollado un consumismo a toda prueba, por lo que las marcas de lujo tienen aquí en Tokio una clientela enorme lo mismo que los grandes vinos franceses: una botella de Chateau Yquem 430 US dlls. Una de Chateau La Tour 441 US dlls. o una mas cara de Chateau laffite Rothschild 1,260 US dlls. Se venden como Coca Colas en un Sumesa mexicano.

 

A la entrada del edificio todo en mármoles y granitos de la firma de perlas Mikimoto en pleno Ginza, el distrito elegante de Tokio, un bronce esculpido recuerda al fundador de la casa don Kochichi Mikimoto, el Rey de las Perlas, muerto en 1954, después de haberle consagrado toda una larga vida a la explotación y comercialización de estas perlas que lo hicieron millonario y famoso.

 
 

Telefonitis aguda es la otra debilidad de los japoneses de Tokio. En el tren, en el subway, en la calle, en los restaurantes, en las salas de espera, en el taxi, en donde estén, los japoneses que antes traían un periódico a la mano, ahora no se desprenden de sus celulares, que con pantallas a color, juegos interactivos, y cámaras fotográficas integradas, han invadido el mercado de todos los días.

 

El Times Square gringo cobra forma en el cruce de las avenidas Dori y Ginza, en donde se levantan cubriendo las fachadas de los edificios, una gran cantidad de anuncios luminosos y animados, gigantescas pantallas de televisión, y una serie multicolor de marquesinas publicitarias testimonios activos del consumismo japonés en la ciudad capital.

Escribanos a: nsoediarte@yahoo.com

 
 
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