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Lugar en donde el espíritu de Frida y Diego permanece. Zozobra y felicidad imperan en estos cuartos marcados por la tragedia personal y por el goce por la vida
Por Alfonso de Neuvillate | Fotos: Alejandra Villela

El rincón poético de uno de los patios en donde la pareja Rivera-Kahlo solían pasear en las tardes nostálgicas y melancólicas de Coyoacán. Ahí se retrataron junto a Trotsky, Einsenstein, Breton y muchos personajes más.


nclavada en el histórico barrio de Coyoacán se encuentra la casona en donde vivieron Frida Kahlo y Diego Rivera. Construcción, viveros circundantes, empedrado en las calles y numerosos árboles cuyas copas se derraman sobre los tejados de esta morada hacen de este sitio lugar obligado para conocer más sobre la célebre pareja de pintores. Todo el rumbo conserva, aún, el sabor provinciano que poseían los alrededores de la ciudad de México. Las campanadas de la iglesia de la Conchita como los de la parroquia principal y las del Altillo se escuchan, tanto en las mañanas nubladas que en los atardeceres y noches coyoacanenses. Es un lugar de embrujo y poesía antigua. Coyoacán es historia desde la época prehispánica. Las grandes familias ahí asentaron sus residencias de verano para huir de los calores y los males de la capital de Nueva España. Y durante el porfirismo también fue refugio de propios y de extraños.


En el comedor se lucen muchas piezas de arte popular mexicano, pintura anónima del occidente de México con el tema del bodegón y sobre la chimenea flores de papel y juguetes de regiones diferentes de la república. Los judas presiden el lugar.


A una de estas familias de nota perteneció Frida Kahlo. Su padre fue el fotógrafo alemán Guillermo Kahlo, al que se le deben auténticos documentos del arte colonial, además de retratos de célebres porfiristas y muchos daguerrotipos de la posterior revolución. La morada familiar devino en museo, tras la muerte de Frida –1954– y de Diego –1957–. Cuenta con un Fideicomiso presidido por la señora Dolores Olmedo quien ha dado su vida para perpetuar la memoria del Diegote y de Frida a través de sus museos. La casa fue remozada, transfigurada en poesía por el poeta Carlos Pellicer, con devoto celo y cariño verdadero.


Desde este ángulo del jardín, página opuesta, se ve parte de la recámara principal. Sobre la cama con un dosel y espejo está, presidiendo en la colcha tejida y bordada en punto de cruz, la urna que contiene las cenizas de Frida Kahlo.

Emociones que se sienten y comparten, una vez traspasado el umbral. Aquí pintó Frida toda su obra plagada de símbolos, de angustia, con sus pinceles de vehemencia y con el goce por el dolor. Estos jardines y estas paredes vieron desfilar a protagonistas de la cultura, de la política, tanto de acá como de allá. Trotsky, Siqueiros, el rey Carol de Rumania, madame Lupescu, Cartier Bresson, André Breton, Lindberg, los fridos, Dolores del Río, Edward G. Robinson, Paulette Goddard, Salvador Novo, Gorostiza, Eisenstein, Lázaro Cárdenas. Frida plasmó su acontecer y su dolor e hizo patente su regusto primitivo por las escenas del Camión o, al modo de los retablos ex-votos, dejó esa visión aparentemente dantesca pero común en la idiosincrasia del mexicano en el cuadrito magnífico titulado Unos cuantos piquetitos. En este lugar ocurrieron escenas de contento y fiestas permanentes y perdurables. Era cuando se consumía la yerba y al compás de los muchos conjuntos de músicos reunidos se bebía tequila y mezcal, del bueno.


El salón de los retablos o ex-votos, página opuesta al centro. Ejemplos de este arte devocionario de varios siglos..


Todo con trasfondo casi mágico, casi folklórico, casi verdadero de alegría y obra pía. pero en verdad se guardaba el gran sino trágico de Frida y su desgracia personal. Cada mueble, casa pared hablan de Frida y sus destellos de erina y sirena que embruja a la marina. Casa de puertas hacia la nada, el olvido o el recuerdo. Siempre se recordará en México y en Coyoacán en donde vivían Frida y Diego. Con un corazón y una flecha que lo atraviesa. Es la casa morada de ese barrio y está en la calle de Londres. Traspasar el quicio es irrumpir en el todo y en la nada. Hasta llegar a la recámara en donde, en su cama, está la urna en que se guardan sus cenizas. Ahí está Frida, la gran pintora, la vieja y joven mujer del Diego, siempre genial, chistoso y maldito... el mejor de todos!


Museo Frida Kahlo
Londres 247 esq. Allende Colonia Del Carmen
Coyoacán 04100 México, D.F.
Teléfono: 5554- 5999 Fax: 5658-5778