a
casa de Alejandra Alemán es a su imagen. Entramos por un lugar
escondido, una pequeña puerta invisible, y un rio encantado lleva
nuestros pasos a una palapa. ¿Estamos en Acapulco? No! Estamos
en el oasis de Alejandra, una palapa dentro de la cual nada puede suceder.
Alejandra Alemán cree en esos lugares mágicos, donde en
el suelo se dibuja un círculo para levantar el techo de una casa
o una palapa. La sombra actúa como magia, dictada no por el sol
sino por este sencillo dibujo de amor. Por eso, cada vez que el equipo
de Niños en Alegría dibuja el techo de una escuela, Alejandra
regresa a su casa feliz. “Hay que proteger a la infancia y darle
lo máximo de posibilidades en educación.” nos confía
Alejandra. Es así que educó a sus hijos con además
la curiosidad de conocer el mundo.
Círculos y círculos. La palapa está
construida de manera que deja pasar una ligera brisa refrescante durante
el día y protege de la humedad en las noches. Hace poco, Alejandra
decidió cambiar los colores de los cojines y de las camas de descanso,
por un verde pistache y un azul turquesa. La combinación de esos
colores fundamentales nos transporta a Cerdeña de los años
sesenta. El dibujo de la alberca que también incluye un círculo
está retranqueado del promontorio frente al mar, separado por tumbonas
verdes y azules. “Marco Aldaco que tiene un gran talento, realizó
la palapa original y las casitas de las recámaras en desplome.
Le convencí realizar un barandal más solido para no tener
que preocuparnos de los niños.”
Las diversas entradas de la palapa esconden un bar,
la salida al tenis o la cocina, mas elevada para no sufrir de los olores.
Adentro solamente, se aprecia la vista abierta al mar, a la piscina o
a una cortina de flores. La decoración sencilla aumenta la elegancia
del lugar. Dos jarrones monumentales de cada lado del reclinado verde,
grandes sillones de mimbre para respetar la escala de la construcción
y como si un dedo divino los hubiera puesto, algunos cocos de las palmeras
reposan en los pies de las columnas. El diseño de la recámara
principal es también con curvas que le dan mucho carácter.
Los tonos fuego o “sol” como prefiere decir Alejandra, nos
recuerdan que estamos cerca del atardecer. El pasillo, protegido de los
vientos, deja entrar luz y brisa como un juego de gato y ratón.
Bajando de nuevo, la mesa está puesta.
El hada de Casa Palacio quiso ver como lucirían
los brillantes cristales, la vajilla reflejando el diseño puro
de la palapa, una onda, mil ondas, en los platos dorados exquisitos, en
las copas, servilleteros, en los huracanes que con el bordado dorado reflejan
la magia de Alejandra. Para que los invitados se sienten a gusto alrededor
de una mesa y en armonía en el lugar donde están, hay que
estudiar el espacio de cada comensal en relación con el espacio
total del sitio. En la palapa gigantesca de Alejandra, había que
mantener una cierta verticalidad. Velas tradicionales hubieran sido más
sujetas al viento. Es la razón por la cual se escogió huracanes
transparentes, para no dañar la vista de uno a otro comensal, ofrecer
un punto suave de luz y una relación con el techo alto que parece
atraer la luz de la vela.
Listos para aprovechar un ceviche bajo los fuegos artificiales
de la bahía. Esta noche fueron cuatro, espléndidos fuegos,
como si Alejandra los hubiera pedido para nosotros.
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