La arquitectura y la madera

 

Por Fernando Luna Amozorrutia y Julieta Béjar Luna Fotos: Fernando Luna y Luis Luna

 
 

n 1953 entré a colaborar con el Arq. Francisco Artigas y esta asociación duró ininterrumpidamente hasta la muerte de Don Pancho. Su casa y despacho eran dos pabellones encristalados separados por un hermoso jardín. En su interior se usaba generosamente la madera, el plafón estaba recubierto por madera laminada color amarillo- oro, en tanto que los lambrines y pisos eran de madera tropical, destacando su hermosa y contrastada veta.
En comparación con otros sitios donde el abuso de la madera producía una sensación de agobio y claustrofobia como si uno estuviera dentro de una caja de puros, el manejo que Don Pancho hacía de ésta me impresionó puesto que daba una sensación de tranquilidad y calidez. Esta fue la clave de las obras que en sociedad me tocó la suerte de desarrollar por casi cincuenta años, donde las distintas clases de madera serían el material de construcción por excelencia.


Marcel Proust decía “nada como el olor para despertar un recuerdo”. Recordemos que el Arca de la Alianza era de cedro de Líbano, pues su hermoso olor la preservaba de plagas. En los proyectos del despacho, las maderas que se especificaban eran acordes a los revestimientos y entramados, de tal forma que el cedro rojo era para cajoneras y clósets ya que su aroma es muy grato y es un repelente natural. La mayoría de las mesas y sillas eran de cedro blanco y para no opacar su belleza, veta y aroma no se barnizaban sino se aplicaba un tratamiento con una fórmula antigua a base de carnauba brasileño, cera de abeja, gotas de aceite de linaza y lanolina. Esta fórmula hoy es el último grito de la moda en lo ecológicamente correcto, es irónico que hace cincuenta años era una receta antigua. El nogal era adecuado para sillas talladas al igual que el roble, pero el pino con sus bellos nudos y en especial el oyamel, era la madera dominante, ya que éste al natural tomaba del sol tonos dorados. Cuando se deseaba un tono oscuro, se quemaba la pulpa del oyamel con soplete y se quitaban las cenizas con cepillo de alambre, logrando resaltar la veta dura de la madera. Para conseguir una pátina blanca resaltábamos la veta con pistola de arena y posteriormente se aplicaba un compuesto de cal y alumbre en baba de nopal.


Ningún material satisface tan plenamente nuestros sentidos como la madera, ya hablamos de la vista, el olfato y el tacto. En cuanto al sonido, no hay más que ver que un rítmico taconeo se convierte en un concierto de tap, sin olvidar los tablados españoles! A lo largo de mi vida realicé muchos proyectos con mi materia preferida la madera. Para ilustrar este artículo escogí dos proyectos muy queridos, que realicé con mi hijo Luis.


El primero fue mi casa personal. Al construir la casa para mi familia hace veinticinco años, utilicé un sistema constructivo muy simple como es una estructura de madera a dos aguas, y partiendo del criterio de máxima economía y conservando las cualidades del método constructivo, el esqueleto se envuelve con grandes paños de cristal logrando un sentido de apertura y contacto con la naturaleza circundante. La techumbre a dos aguas, se sostiene por vigas de casi 7 m. de largo provenientes de una troje con más de 200 años de antigüedad que llegaron a nosotros gracias a la generosidad de una familia amiga. Los pisos de encino complementan con su color claro la sobria paleta. A lo largo de la casa corre un tragaluz que inyecta calor y nivela la luz dando un balance luminoso muy agradable. Según Nathaniel Hawthorne: la luz de luna es escultura y la luz del sol es pintura. La chimenea marca el centro gravitacional de la casa como una versión moderna de la fogata. El espacio fluye de forma tal que la vista abarca el conjunto de una sola mirada, ligando interior y exterior. El otro proyecto también fue muy interesante. Esta casa está situada en una hermosa colina con una espléndida vista panorámica al Valle de Irapuato.

El diseño de la casa es en torno a una selecta colección de arte que contiene ejemplares de Leonora Carrington, O’Gorman, un autorretrato doble de Goitia, y en especial el desnudo de Pita Amor por Diego Rivera que causó revuelo en la exposición de Bellas Artes inaugurada por el Presidente Miguel Alemán en los años 50 y cuyo paradero se desconocía hasta que la crítica de arte Raquel Tibol lo localizó y logró traerlo a la reciente muestra del MUNAL. Para exhibir esta obra, diseñamos un salón que es el centro emocional de la casa. Este tiene una estructura de madera con un tragaluz en cruz que proporciona una luz cenital introspectiva, suave y difusa, prescindiendo de ventanas pues el salón está rodeado por libreros. Complementan el conjunto muebles y mesas de la firma Roche Bobois. Como vemos la madera es la reina de los materiales de construcción. La humanidad siempre la ha usado. La madera nos acompaña en muchas de nuestras emociones, hasta en el gusto, como la deliciosa madera de canela y el sabor ahumado en delicatesen que se encuentra por ejemplo en el jamón y en el salmón. Vista, tacto, olfato, oído, gusto, los cincos sentidos son siempre satisfechos por nuestra amiga la madera..

 
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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