uando
uno deambula –o viaja, conociendo en profundidad-- por el país
o por diversos derroteros del globo terráqueo, sólo puede
decir: ¿Estaré comenzando a vivir o sólo me resta
decir: cuánto nos falta para pensar como los jóvenes o bien
cuándo crecerán ellos?
Ana Adalid, licenciada en Ciencias y Técnicas de la Información,
comunicadora plural, 38 años de edad, madre de Ximena Aveleyra
Adalid (niña prodigio mexicana a nivel internacional o pianista
que se convertirá en un icono de nuestro país), PR innata,
belleza con una clase inaudita, etcétera, confiesa –cuando
habla de las relaciones humanas, matrimoniales o de pareja-- lo siguiente:
“Mira… Enrique… me gustan las personas respetuosas,
independientes, creativas, congruentes, entre otras situaciones, para
que las admire y aquilate su valía. Sabes bien que estuve casada
con Rafael Aveleyra y me encontré con el destino cuando se abrió
un espacio entre los dos y, por supuesto, comprendí que uno tiene
que seguir y reinventarse en muchos sentidos. El continúa viendo
a nuestra hija y se dio una amistad vertical”.
Adalid, periodista a carta cabal (se inició conmigo
en el diario EL UNIVERSAL, escribiendo la columna Nuevo Estilo, además
de que fue mi compañera en los programas que realizamos de televisión
en Televisa –Estilo en Vida, en Cablevisión-- y los programas
de Radio Fórmula, “sin olvidar incursiones periodísticas
en el Diario de Tampico y ahora en El Sol de México”), me
dirige una mirada directa y comenta que –al referirse al matrimonio--:
“la mentalidad de millones de jóvenes en el orbe, sin olvidar
a adultos o personas mayores, cambió 180 a la izquierda. O sea,
la gente se une sin papel escrito y ahora es mejor visto, por lo menos
en sociedades más cerradas como la mexicana”.
La relación que guarda Adalid con su familia
(que también es la mía por el lado de los Cajija y Boy)
es extraordinaria. Pasa dos o tres veces por semana con ellos. Su madre,
Margarita Boy Cajiga es la mejor diseñadora y productora de eventos
exclusivos en nuestro México (“muchas de las fiestas de los
Serrano, Cuevas y otros destacados mexicanos”) y, por ende, tiene
sobrados éxitos en los que Ana y sus hermanos Carlos, Margarita
y Marisol, también intervienen. Y cómo olvidar la parentela
de Ana Adalid con los Iturbide, Alcocer y otras familias que marcaron
un hito histórico en Estados como Guanajuato y Querétaro.
Ella confiesa que siempre se dirige a sus padres y familia cuando enfrenta
todo tipo de obstáculos.
Como amante de la ecología o naturaleza, subraya
que los seres humanos en su mayoría tienen poco respeto por la
naturaleza. “Es triste darse cuenta que las personas no entienden
que somos parte de ella y de alguna manera estamos traicionando nuestro
origen y esencia, y también de alguna forma ya estamos pagando
caro todos los problemas de contaminación, falta de agua, tala
de bosques, sequías, inseguridad, sumándole la falta de
oportunidades que no se generan para la población actual”.
Ella comenta –al hablar de ejemplos en la naturaleza entre elementos,
seres vivos o ciclos-- que “el campo necesita el agua para dar cosechas,
las flores requieren de luz solar para crecer y, por otro lado, los humanos
necesitamos agua, plantas, animales, etcétera, para nuestra supervivencia”.
--¿Y el verbo independizarse? “Ayy…
Enrique, ya sigues con tus preguntas plurales. Pienso que hay que sentirte
bien con lo que haces; ser tu propio gobernante, no sentir el rigor de
nadie ni depender de nadie en cuanto a tu forma de pensar, de vivir o
ser tu propio proveedor”.
--¿Hay consecuencias positivas o negativas? Ana
me observa y dice: “a veces rechazo a los que no son seguros de
sí mismos, a veces se encuentra uno con la soledad, pero es mucho
más satisfactorio vivir así”.
--¿Y que significa simboliza para ti la independencia?
La respuesta fue contundente: “un ave”. Para mí sería
un águila que renueva sus alas. “Y otro punto: la palabra
que más relaciono con independencia es felicidad o ligereza”.
Al adentrarme en la preocupación que existe en
cada generación, Ana Adalid subrayó: “La maldad”.
En otro tema, también me referí a los festejos del Bicentenario
y Centenario, y ella habló pausado: “Cada día, hay
más demagogia y circo. Pero también –no cabe duda--
hay que festejar para olvidar tanto dolor que azota a México. La
fiesta es buena medicina para bajar la tensión social”.
Para despedir estas líneas, tanto Ana como el
que esto escribe, estamos ya casi en la puerta –si Dios la abre--
para iniciar con Carlos Adalid, un programa de televisión que se
titulara Magazine Plus. So long. Y hasta la próxima, ¡abur¡
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