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a vajilla danesa es seguramente una de las más suntuosas vajillas del mundo, originalmente un regalo de un heredero a la Corona de Dinamarca, el Príncipe Frederick, para la increíble Emperadora Catherine II de Rusia, quien murió antes de recibirlo en 1796. El refinamiento no solamente viene de la ejecución precisa con el encaje de porcelana que rodea el plato dorado, sino también del motivo que refleja la situación política de Dinamarca en la época de Frederick. Al parecer, muy romántico, Frederick usó el extraordinario libro de botánica hecho sobre cobre a la manera francesa, representando las flores salvajes que cubren los campos y selvas de Dinamarca. Era una manera de decir a la Emperadora, conozco a mi país lo he caminado (como lo decía Rousseau un poco antes, “Es caminando que se descubre un país.”). Lo controló del norte al sur, del oeste al este. Esas plantas eran como sujetos, nacidas de la tierra. En la vajilla ninguna rosa u orquídea, sino solamente esas flores que a veces se toman como hierbas silvestres y se sacan de los jardines.
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