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uando Mónica llegó a la Península de Yucatán tenía en la mente los maravillosos grabados de Frederick Catherwood, dibujando las ruinas mayas escondidas en la abundante selva que reinaba solemnemente en la península. La selva, la vegetación, la flora siempre han sido una obsesión para Mónica y su esposo Aníbal González. Desde el primer día de su llegada a Yucatán se preocuparon de replantar plantas originales de la península. La aventura del henequén destruyó la península en dos ocasiones. Como Botánica, Mónica nos da una historia con el sentido común de una mujer que siempre necesita tomar la tierra en sus manos y jugar con ella como si el diálogo le permitiera conocer lo que le faltaba. |