Volver a Casarse

Por Guadalupe Loaeza.

 
 

gnoramos si todo el mundo desea volver a casarse, sobre todo si el primer matrimonio fue una mala experiencia. De lo que sí estamos ciertas, es que cuando el destino nos ofrece una nueva oportunidad, puede resultar una aventura ¡maravillosa!. No es que ésta pueda ser mucho mejor que la primera, sino que se trata, literalmente hablando, de otra película. Una totalmente distinta creada por otros actores y directores. Volver a casarse es vivir nuevamente el matrimonio pero en esta ocasión con los ojos bien abiertos; es darse la oportunidad de reparar viejos errores; es rescribir un nuevo capítulo de una novela inacabada, es prepararse para compartir, a dos, aquello que llaman la tercera edad y es darse permiso de ser feliz otra vez.

Es cierto que para re-ma-tri-mo-niar-se hay que estar mucho más alerta y mejor preparado que la primera vez. Por otro lado, no hay que mostrarse tan desesperada, ya que se corre el riesgo, aparte de equivocarse en la elección, de asustar al pretenso. Es bien sabido que las mujeres que evidencian demasiado estos deseos, terminan por emitir un tufo extraño, a azahares viejos y amarillentos, el cual, en lugar de atraer a la supuesta pareja, no hará más que ahuyentarla. Nos referimos a la categoría de varones, generalmente, divorciados, que le han tomado horror a tres palabritas las cuales nada más evocarlas, se les revuelve el estómago: compromiso, obligaciones y responsabilidad. De ahí que para lograr, un segundo matrimonio, exitoso, les sugerimos a nuestras lectoras cinco reglas de juego:

Regla número 1: Más que el físico, más que la edad y más que la seguridad económica de la mujer, lo primordial para establecer una relación amorosa con miras al matrimonio, es la actitud. Entre más heavy (densa), snob (pretenciosa) y complicada sea la persona, menos posibilidades existirán para que el pretenso pueda ni siquiera plantearse semejante compromiso.

Regla número 2: Algo fundamental es el sentido del humor. Si usted logra hacer reír a su compañero, si logra distraerlo, divertirlo y si por añadidura, se ríe de todo corazón de sus chistes, délo por hecho que está usted muy cerca de una segunda boda.

Regla número tres: No hable constantemente de su primer matrimonio. Así mismo evite comentar sus relaciones sentimentales pasadas. No compare. Recuerde que esos capítulos de su vida, ya quedaron atrás. ¡No viva en el pasado!. Tampoco aborde demasiado el futuro. ¡Disfrute el presente sin pensar que a lo mejor ya no le van a volver a buscar!.

Regla número cuatro: Si tiene usted la fortuna de contar con una muy buena estabilidad económica gracias a su trabajo, ojo con su tren de vida. No hay nada que asuste más a los hombres, que las mujeres gastadoras.

Regla número cinco: En ningún momento y bajo ninguna circunstancia, le de a entender que se quiere casar por segunda vez. Nunca, de los nuncas, se le vaya a ocurrir hablar de esta posibilidad. Pero si algún el día, llegara efectivamente, a preguntarle: ¿te quieres casar conmigo?. Haga que se lo repita dos, seis y hasta diez veces. Haga que se ponga de rodillas que entrelace sus manos y que se lo vuelva a decir… En seguida, láncese a sus brazos y dígale: Yesssssssssss!!!!!!!!!!. Ouiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!! Y ¡Síiiiiiiiiiiiiiii!

 
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

Suscripción en línea

 
Suscríbase | Contenido | Regresar al Inicio
 
Contacto
Envíenos sus Comentarios