Bárbara Fernández

Como invitar la naturaleza en una casa moderna

Por: Tatiana Muñoz von Furstenberg. Fotos: Jorge Ávila.

 
El pasillo abierto del primer piso mezcla pizarra sin mortero, duelas de madera koa del caribe, con un terminado a mano y la pared exterior cubierta de vegetación. Al fondo del pasillo juegos de Sebastián.
 
El comedor abierto, con tonos naranjas, sirve para comidas formales. Al fondo una instalación de Ana Paola Portilla. El tapete es italiano y las sillas de Dimo.
 

n medio de una colonia de gran tradición y en el cascarón de una de sus casas de finales de los años 60, emerge esta aclamación a la modernidad. Se adaptó la casa de una familia de nueve hijos de los años 60 a la vida de una familia joven de este siglo, tratando de suavizar la vida de esta ciudad tan agresiva, introduciendo elementos que evoquen el campo y la naturaleza, al igual que adaptándola funcionalmente. La arquitecta, joven, alegre, entusiasta y con muy buenas visiones, opta por un cambio total. Abre los espacios a la luz con grandes muros de vidrio, evocando la naturaleza que proviene del campo, ampliando los espacios a dimensiones antes inimaginables, permitiendo que la luz entre hasta el último de los rincones.

El comedor se abre a ser casi un comedor exterior, con su fuente que recuerda los abrevaderos de las antiguas haciendas ganaderas, e inspira a contemplar como si fuera un cañón con su vegetación tropical que cuelga como fondo desde gran altura hasta el suelo. La vida de la casa gira alrededor de este jardín vertical. Los cuartos de estar disfrutan de la amplia vegetación del jardín, que ha crecido con gran naturalidad, los pasillos son abiertos al jardín con grandes vanos y hasta el del piso de arriba queda colgando siendo parte de otra dimensión. Hasta el cuarto de baño principal es parte de esta nueva dimensión de espacio y luz: se cerró la vista a la colindancia cercana y se creó una vista interior, con un cubo de vidrio que es un patio interior de luz entre el cuarto y el baño, que los une y separa y da una atmósfera especial a cada uno. No hay separaciones tradicionales, todo es parte de un todo más general. Es de una generosidad de espacio fuera de lo común. Todos los espacios, incluso los de servicio, son sumamente humanos, luminosos y acogedores.

 
El salón de doble altura abre con un ventanal al patio de entrada de la casa. Muebles de Le Corbouisier, candil de cristal de la abuela y una rara tapicería de Pedro Coronel. En primer plano una obra de Sebastián.
 
La Cava, es el cuarto más importante para el dueño! Aquí entre amigos se degustan vinos. Prohibido fumar!!
 

Lo moderno de esta casa contrasta con los toques antiguos de reliquias familiares, antigüedades o recuerdos, que le dan tanta personalidad. Los jardines abundan en especies de diferentes colores tipos de follaje y formas, cada esquina aporta a esta belleza de composición, la cual se puede apreciar desde cada punto del interior. Resalta el pequeño techo vivo, de plantas endémicas de la Ciudad de México, encima del espacio de la cochera, aprovechando la belleza natural de la flora de esta ciudad. En el tejado de la casa, la arquitecta alza, con arquitectura movible, su estudio. La bodega, aprovechando el espacio donde una vez estuvieron las calderas de diesel, usa materiales comunes, como las láminas de fibrocemento, para convertirlas en repisas para vinos y darle una ambiente acogedor donde siempre es muy agradable compartir una buena botella de vino.

La sala de doble altura, gira alrededor de un gran candelabro antiguo, que ha iluminado a generaciones anteriores de la familia, y con unos grandes sillones Le Corbusier y unas divinas sillas Basculant, evocan un sentimiento de nostalgia por el pasado, dentro de la modernidad de cada momento. Un gran tapiz, pieza única, de Pedro Coronel, da un toque de color al tema principal del blanco y negro de la sala. Un verdadero logro.

 
La habitación de las felices hermanitas, es rosa por supuesto!
 
Divertido el cuarto de baño, con su tina de recuperación, otro candil de la abuela y lavabos muy design de cementos pulidos.
 
El baño se abre sobre un pequeño patio interior que sirve de fuente de luz y que transparenta la vista a la recámara principal.
 
El abrevadero recuerda la influencia de la dueña, ahora transformado en una elegante fuente, sobre una platabanda de plantas exóticas y divide el comedor del pasillo exterior de la casa.
 
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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