Un paseo por el Castillo Leeds es abrumador para cualquiera. La visita comienza pasando por el estanque de patos, en el cual toda clase de especies se reúnen para decorar uno de los muchos ojos de agua que presenta el paisaje. La ruta se continua por los múltiples jardines hechos por Russel Page hasta llegar al Castillo, desde cuyas ventanas puede admirarse el campo de golf y el albergue Broomfield. Tras la visita del Alcázar se pueden admirar el Jardín de los Culpeper, dueños de la propiedad en el siglo XVII, el Aviario y el Viñedo. Los últimos pasos conducirán al visitante al Laberinto, diseñado por el arquitecto Vernon Gibberd y el cual imita en su dibujo una corona de Reina, siguiendo el nombre popular de la propiedad, “El Castillo de las Reinas de Inglaterra”. Del centro del Laberinto se abre la entrada a la cueva o Grotto, decorado con diversas esculturas que continúan los ecos mitológicos, paganos e históricos que resuenan por todo el lugar.
En la Sala de la Glorieta se reúnen los ricos tapices que cuentan la historia de los dueños de la propiedad hasta el presente siglo, así como retratos, miniaturas y algunas otras pertenencias personales relacionadas con los habitantes de Leeds del siglo XVI al XIX. Las primeras piedras del Castillo de Leeds fueron colocadas por un Barón normando durante el reinado de Enrique I, hijo de Guillermo el Conquistador. Siglo y medio después, con el ascenso de Eduardo I al poder, pasó a ser propiedad de la Corona. A partir de ahí y durante los siguientes tres siglos, sería un Palacio Real y hogar de seis reinas medievales inglesas, para pasar después a manos de tres de las familias nobles más famosas de la gran isla: los St. Legers, los Culpepers y los Fairfaxes, Dos de los romances más apasionados han tenido su escenario en Leeds. El primero se refiere al amor entre Elena de Castilla, la primera reina que tuvo las llaves del Castillo, y Eduardo. El segundo trata de la escandalosa historia entre la Reina Catherine de Valois –viuda de Enrique V y personaje de Shakespeare- y su Guardarropa, cuyo hijo fue el padre de Enrique Tudor, patriarca de la más grandes dinastía inglesa. |