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n día doña Amalia viuda de Cárdenas me contó cómo había sido su noviazgo con el General. Cada vez que el ex presidente de México la visitaba en el colegio de la Soledad en Tacubaya, siempre había una monja que los cuidaba. Su noviazgo duró cuatro años y meses. Todos los domingos se veían en el “Puente Quemado”. En esa misma visita, doña Amalia me mostró un pequeño texto que el General, le escribió, curiosamente, a su Escritorio, el mueble que lo acompañó durante tanto tiempo y que ahora está en la recámara de doña Amalia. La hoja de papel estaba fechada el 19 de octubre de 1994. Me gustó tanto el homenaje que el General le hace a su escritorio que decidí copiarlo en otra hoja: "Han pasado los años, busco en tu interior algo que me hable, que yo haya ignorado, encuentro sorpresas, si has, acumulado tantos secretos... Ahora te busco, antes te rehuía, siempre tuve respeto a tu condición de depositario, fuiste estuche de sus grandes anhelos. Tu color es el mismo, tu cuerpo como el que fue tu amigo y dueño, tus entrañas conservan la humedad, la frescura de lo que atesoras: pensamientos, desilusiones, alegrías y penas, cartas al hijo tan amado, dibujos y garabatos de los nietos. Ahí están y seguirán siendo su guardián eterno. Siempre te vigilan el humilde y grandioso Gandhi, no se oculta la mirada de Morelos el gran guerrero, la presencia del reformador Melchor Ocampo, la figura fuerte de Serdán; tantos otros que mudos contemplan el recogimiento con que extraños te miran... visitan”
Sobre el escritorio, precioso por cierto, se encontraba un libro cuyo título lo decía todo: “Se llamó Lázaro Cárdenas, Edit. Grijalbo” ideado y concretado por su hijo Cuauhtémoc, para celebrar sus 100 años de nacimiento. En él aparecen, 211 testimonios, sobre un aspecto o anécdota que tenga que ver con el general Lázaro Cárdenas. Por ejemplo su nieto Cuauhtémoc escribió a propósito de sus "manos cariñosas" que "no fueron unas manos cualquiera" y que alguna vez "abrieron las puertas de la cárcel de Jiquilpan". Camila, su nieta escribió: "Por lo qué sé de él, si todavía viviera, estoy segura de que ayudaría a que no se llevaran nuestro petróleo, podría ir a hablar con Marcos y junto con el pueblo ayudarían, no sólo en Chiapas sino en todos los lugares donde hay problemas de tierras, comida y de salud". Por último leí cómo se lo imagina Celeste, su nuera y que dice: "en ese cielo lleno de estrellas y una luna de su noche, sentado en una sillita que tiene para descansar junto a la orilla del Balsas.” |