Mantones

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Por Daniel Liebsohn. Fotos: Nora Servin.

 

uenta la leyenda que los pesados bultos de tabaco, desembarcados en Sevilla, eran envueltos en grandes trozos de seda. Desde Filipinas eran empacados para preservar la frescura de las hojas, en estas telas, tan apreciadas para los europeos, pero desechadas por los orientales por algún defecto de factura.

Las tabaqueras recortaban en cuatro cuadrados el enorme lienzo, agregándole flecos, y dando origen al mantón.

Aunque la historia en realidad nos remite mucho mas atrás. Al lejano oriente desde el año 600 A.C. en la dinastía Tang donde las mujeres chinas de la clase alta los portaban. Sin embargo se ha constituido en un icono de la identidad española, pese a que en un principio del virreinato el gusto imperante de los Austrias, en su sobriedad los tachaba de excesivos por sus bordados y colorido, encontrando mayor respuesta entre las mujeres mexicanas. Ya en el siglo XIX se populariza en España y en especial entre las sevillanas, quienes lo integran a su cotidianeidad, formando incluso parte de su identidad. El baile flamenco mezcla de diversas influencias: judías, moriscas, gitanas, castellanas, africanas y americanas, también integra esta prenda a su colorida esencia. En el gusto decimonónico tanto en la literatura como entre la pintura costumbrista, el mantón se vuelve imprescindible símbolo de la hispanidad, como es el caso de este óleo, donde de la paleta de Gonzalo Bilbao, nos adentramos en un tablado, mientras las bailadoras se mueven al ritmo de las guitarras y su taconeo, ignoradas por un niño nos observa curioso obsequiándonos un tinto.

 
Gonzalo Bilbao. Tablado flamenco. Óleo Sobre lienzo. Ca. 1900.
 
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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