Arturo Macías

torero, torero, torero!!

Por: Cecilia Ramírez/Ronel Tron. Fotos: 6 Toros 6.

 
 

os domingos han transcurrido, algunos bajo fuertes lluvias, los aficionados seguimos y seguiremos yendo, porque sabemos que un momento taurino puede darle validez a toda una Temporada.

La afición ha estado en ansiada espera del surgimiento de una nueva generación de toreros que llene el vacío de las grandes figuras del toreo mexicano de los 60’s a 80’s. Entre los que podemos citar a: Silverio, Armillita, Arruza, Capetillo, Joselito Huerta, Curro Rivera, Manolo Martínez. El Domingo 21 de Enero 2007 se presentó Arturo Macías López. Vistió un terno color marfil y oro, alternando con “ El Conde” y “ El Fandi”. Después de la actuación de los dos espadas anteriores -quienes se lucieron en la suerte de banderillas- Arturo Macías no se cohibió, salió al ruedo con la determinación de triunfar.

En su primer toro “Don Javier”, un toro de quinientos cuarenta kilos, Arturo Macías buscó agradar al público, a pesar de ser éste un astado difícil. En sus primeros pases lució suavidad, y a pesar de no poder acomodarse con el toro, en ciertos momentos hace uso de sus recursos para poder llevar la lidia. Arturo conoce la fiesta de toros, maneja bien los tiempos del toreo: el correcto manejo de la capa, el trasteo de la muleta y la suerte de matar. En su segundo toro se expuso tanto que logró la entrega del público, arriesgándose más de una vez a un percance sin que la suerte lo abandonara. Se expone ante su enemigo, siendo el peligro inminente ante la cercanía de los pitones. El público sufre, el miedo se comparte pero la valentía que es del torero se impone; logrando arrancar de los tendidos la exclamación de: ¡ Torero, torero !!

Difícil para un joven torero (el tiene veinticuatro años), sentir la gloria donde la emoción domina, invadiendo el sentido de la distancia que le exigía el toro. El viento siempre presente, aumenta el peligro y despierta entre los aficionados advertencias al torero de que recuperara la calma. Al tirarse a matar, se coloca arriesgadamente entre pitones, dejando una estocada completa en todo lo alto. Se dobla el toro segundos después, la plaza se viste de blanco, exigiendo al Juez R. Martínez que le otorgara no una, sino las dos orejas. Arturo toma conciencia de su logro y traduce en lagrimas todas las emociones de su faena, saliendo de la Plaza en hombros. Los deseos de ser son los que conmueven a la Plaza. No hay que olvidar que existen varios factores que influyen sobre un joven que actúa en una plaza como la Monumental: el aforo, las grandes figuras que por ahí han pasado, la fiel afición, la relevancia de la Temporada Grande entre otros. No quisimos faltar el domingo siguiente para ver a nuestro torero. Arturo se presentó de nuevo, habiendo ya superado el reto de sobreponerse al peso mismo de la Plaza. Figuró al lado del torero Rodolfo Rodríguez “El Pana”, quien tiene una mayor antigüedad y hace unos domingos logró una gran faena .

 
 

Recibe Arturo al toro “Jarameño” de frente a la puerta de picadores con una serie de verónicas a pies juntos, muy bien parado en su terreno, con mucho aplomo y limpieza rematando los lances con su carismática sonrisa, transmitiendo el gozo de su hacer lleno de valor. Cambia de terreno frente a toriles para dar una serie de muy ajustadas chicuelinas, cuando en cuestión de milésimas de segundo, Macías no logra recuperar su terreno quedando entre los pitones y a modo de evitar la cornada se prende de las astas del burel. El matador se repone y le pegó un pase más de gran calidad provocando un estallido en el tendido.

El diestro, no por esto limita su valor y cita de rodillas en medio del ruedo para dar una gran tanda de derechazos profundos y largos buscando el terreno del toro. Volviendo a relucir su potencial, su valor y creatividad. Se pone de pie al término de la tanda y busca compartir con el público la delicia del toreo.

Logra mantener su faena compenetrando a la afición, tirándose a matar queriendo dejar a fondo el estoque, rechaza el pinchazo buscando empuñar el acero lastimándose la mano. El público recoge su desilusión con calurosos aplausos, acompañándolo en su segundo intento, mismo que fue certero. Dentro de la conmoción la afición no se conforma con una oreja concedida. Arturo en su segundo toro se mostró sereno mostrando buen toreo y magistralmente dejó el estoque en todo lo alto. Sin duda alguna Arturo se confirmó como matador. La mejor critica sucede cuando uno tiene el valor de exponerse para encontrar lo que realmente es de uno. Encontramos en el una verdad que nos conmovió a todos. Deseo de realizarse como torero. Tiene los elementos para seguir mostrando esa sonrisa honesta. Su gran fuerza es su misma exigencia, que sin duda, si mantiene la determinación que le vimos, llegará…

 
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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