oras vagabundas, saltantes… segundos muertos… Esta terminología poética ilustra la pasión, la determinación, la imaginación de los relojeros a través de los siglos. Es lo que el muy exclusivo Museo Patek Philippe (solamente con cita) quiere mostrar con sus 2000 tesoros, que unen la delicadeza de los orfebres al conocimiento extraordinario de los relojeros, cual ingeniosidad y la proeza permiten miniaturizar a veces mas de 1700 piezas mecánicas en un espacio muy estrecho. Aprendemos que la relojería pide conocimiento de muchas técnicas diversas y es naturalmente que se desarrolla este arte en el renacimiento, con el desarrollo de varias ciencias, la astronomía, las matemáticas, la mecánica, la forja para el acero… La precisión vino después de Galileo con Huygens (1629 – 1695) que inventó el muelle espiral y para los relojes verticales suprimió el regulador de la rueda volante y en su lugar colgó un péndulo de un hilo metálico, para protegerlo de cualquier interferencia del rodaje. Estos científicos del Tiempo, muchos empezaron en Francia en la Corte de Francisco Primero, leían libros prohibidos (los griegos como Arquímedes y su espiral) tocaron temas prohibidos por la Iglesia Católica. (La Tierra el centro del universo? El mundo Euclidiano?...) Esas “nuevas ciencias” molestaban. Así en Francia, justo al salir en Europa ensayos de relojería importantísimos, el episodio de los Espectulares (L’affaire des Placards 1534) puestos hasta la recámara de Francisco Primero por los reformadores, condenó a los “progresistas” (astrónomos, matemáticos, filósofos…) de ese tiempo a convertirse a ideas mas “sanas” o a refugiarse en Ginebra controlada por Calvin o en Basilea de tradición humanista. (el museo tiene uno de los muy pocos relojes de esta época). Así nació la tradición relojera de Suiza. La fuerza de su conocimiento, la ingeniosidad de sus creadores, permitieron avances fenomenales y quinientos años después esta tradición sigue vanguardista. Entendemos ahora que los relojeros no son artesanos del tiempo, sino científicos y humanistas curiosos del paso evolutivo del hombre. Quizá eso explica el apetito jamás satisfecho de los relojeros a inventar mecanismos, cada vez mas sofisticados como el calibre 89 (Henry Graves por Patek en 1933 vendido hace 8 años por 11 millones de dólares!). Científicos, humanistas que se unieron con artistas, pintores, orfebres… Hay que admirar el reloj del principio del siglo XVII con su calvario en grisalla. El arte de la relojería no se despega del esmalte. A partir del siglo de Luis XIV se desarrollan los relojes personales o de bolsillo, con inspiraciones de cuadros de grandes pintores como Rubens. Los hombres tratan de matar al Tiempo antes de ser matados por él! La pistola de los hermanos Rochat, 1810, conjuga automatismo (el pájaro se anima y saca sus alas y mueve su pico) trabajo de cincel, esmalte y relojería. La belleza prodigiosa de los objetos relojeros atestiguan la sofisticación de los mecanismos escondidos. Antes de irse a la Gran Feria de Relojes y Joyas de Basilea (Baselworld del 12 al 19 de Abril 2007), una escala en Ginebra se impone para visitar este santuario del reloj.
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