n ese encanto y belleza de Andalucía, y en especial, el de Marbella, se mezcla el sabor de nuestra tierra, sus alcornoques y olivos, y ese sabor mediterráneo que tanto lo caracteriza, con lo que comparten de aquellos visitantes que de partes más frías de Europa vienen a hacer de estas sus tierras, tierras de glamour, tierras de fiestas, que empezaron con el Príncipe Alfonso de Hohenlohe, fundador de Marbella.
Aun en todo este glamour la gente vuelve sus casas donde busca un refugio, donde se pueda disfrutar de paz y tranquilidad. Hay casas que son un lujo por su entorno. Otras por unos interiores sobresalientes. Esta disfruta de ambos privilegios: de la radiante luz y naturaleza gaditanas junto al equilibrio de una decoración con el sello nórdico de sus autores. En la falta de ostentosidad se refleja esa gran elegancia de vivir.
El año pasado, su nuevo propietario, un inglés que reside largas temporadas en la Costa del Sol, encargó su remodelación a Mark Benson. Cubiertas de tejas viejas sustituyen a las azoteas planas, como en algún momento del pasado debieron de ser y como es tan típico en la zona, el tejado antiguo de aluminio es ahora de madera de iroco pintada en tono turquesa. Mark Benson también se encargo del proyecto de paisajismo que conservó los alcornoques existentes (típicos de la región) e introdujo un gran numero de palmeras, haciendo alarde a esa influencia árabe, que durante siglos han vivido estas tierras, y de cipreses, un toque elegante más nórdico, así como paseos de albero, delimitado por setos de lavanda, que completan el paseo con un aroma delicioso. |