Amor

Platónico

Por Guadalupe Loaeza.

 
 

n relación en este tema, he llegado a la siguiente conclusión: no existe. No hace mucho leí un texto a propósito de este tema que decía: “Hoy en día, el amor platónico ya no se da. Cuando un hombre o una mujer se atraen mutuamente o se enamoran, con toda llaneza lo hablan entre ellos y empiezan una relación.” A pesar de la conclusión a la que llegaron nuestros investigadores secretos, queremos poner su consideración algunas excepciones. Por ejemplo, donde pensamos que más da esta categoría de amor es entre personas que trabajan en la misma empresa.

¿Cuántas secretarias no han vivido por años enamoradas secretamente de sus jefes? ¿Cuántas ejecutivas o cuántos ejecutivos no se han sentido atraídos por alguno de sus colegas? ¡Vale la pena confesar su amor? ¡Qué tanto arriesga una empleada o colaboradora si un buen día se atreve a decirle al director: “¿Sabe qué? Hace años pienso en usted. Por las noches no duermo. Todo el día me acuerdo de sus manos, de su mirada y del tono de su voz. Por otro lado, no pretendo ser correspondida. De ninguna manera. Sería absurdo. Sé que usted es casado y que tiene hijos. Sin embargo, ya no puedo esconder mis sentimientos, quiero que lo sepa. Esto me bastará para no sentirme tan sola. Créame que a partir de ahora no lo molestaré más y nunca más volveré a tocar el tema.”.

1. Es probable que en tanto el director le agradece de todo corazón los sentimientos que ha inspirado, se diga a sí mismo: “Mañana le hablo al jefe de personal para que me la quite de encima. Lástima. Porque es un buen elemento. Pero si no le pongo un alto en estos momentos, después va a ser peor”.

2. Una vez que le haya confesado su amor, quizá le dé un beso, sellando así el principio de una relación llena de signos de interrogación... y de chismes dentro de una empresa, mismos que la llevarán, tal vez, a renunciar, salirse de la compañía y nunca más ver a su jefe.

3. Otra de las reacciones que suponemos es que mire con ternura y le diga paternalmente, mientras le da unas palmaditas en el hombro: ”Ya se le pasará. Ya verá que después de esta confesión no me mirará con los mismos ojos... Recuerde que muchos de los sentimientos se generan en la cabeza. El ideal que ha visto en mi persona seguramente lo ha creado por necesidad. Tal vez se sienta usted muy sola, Pero estoy seguro de que muy pronto conocerá al hombre de su vida. Por cierto, aprovecho la ocasión para decirle que estamos recortando personal y que lamentablemente nos vemos en la necesidad de prescindir de sus servicios. Pero no se preocupe, por mi parte haré todo lo posible porque la contrate nuestra filial. De todas maneras, le agradezco sus palabras llenas de sinceridad. Créame que nunca olvidaré lo que me dijo”.

Conclusión: en boca cerrada no entran moscas, ni... chismes, ni renuncias obligadas, ni cambios forzados dentro de la compañía.

 

 
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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