El eco de su voz resonó en los techos altos de la entrada semejante a un castillo francés. La entrada separa las salas de recepción, gran salón y biblioteca de un lado y por el otro el gran comedor formal, y el pequeño comedor junto a la cocina. Un pasillo con ventanas de gran altura escondido por pilastras en bajo relieve enlaza las dos partes de la casa. Sofía, tímida, nos invita a pasar a la gran sala donde un piano hecho en Chicago, regalo de buena suerte, parece a gusto en la parte rotonda del salón. Al lado un cuadro de Montenegro y sobre la mesa varios libros, uno es sobre la divina María Callas y otros de ballet. El mapa mundi del principio de siglo pasado, es un testigo de su gusto por viajar. Sofía me habla en francés sin acento: “No… no hablo, solamente algunas palabras!!” contesta ella riendo. ¡Pocas quizá, pero sin acento, deber ser su oído musical! |