Un Anticuario del siglo XX

La transgresión y el buen gusto

Por: Guadalupe Loaeza

a primera vez que entré a la boutique “Chic by Accident” en la colonia Roma, de inmediato, me percaté que había transgredido la frontera entre le comme il faut y lo distinto. Estaba literalmente en-can-ta-da, en-chan-tée por todos los objetos y muebles que descubría. De pronto apareció frente a mis ojos un joven de ojos claros cuyo acento en su español, lo delataba, no podía ser más que francés. No necesité mucho tiempo para darme cuenta que se trataba no nada más del dueño de la tienda, sino del creador de un mundo en el cual se puede transgredir impunemente, siempre y cuando sea con creatividad, talento, pero sobre todo, buen gusto. Una hora después salía de la boutique dueña de un sillón gris de terciopelo de estílo de los cincuentas. Era un regalo para el cumpleaños de mi marido, cuando éste finalmente lo descubrió, exclamó: “¿Dónde encontraste esa maravilla?”. Emmanuel Picault nació en Normandia hace 37 años. Dicen que desde que el bebé llegó a su casa, lo primero que hizo fue observar el mobiliario de sus padres. No le gustó. Es más, le pareció horrible. Sin embargo ni siquiera protestó, ya habría tiempo para remediar a lo que parecía ¡irrecuperable! A los once años le empezó a hacer a su madre una que otra observación. En esa época Emmanuel, se había convertido en un aprendriz arquélogo. Cada miércoles, día en que los niños no van a la escuela en Francia, acostumbraba excavar ruinas de la época medieval de su pueblo natal, Domfront. Fue quizás a partir de esta curiosidad, que Emmanuel, descubrió las bases de lo que con el tiempo, se convertiría en una de sus obsesiones: ¡el espacio! ¿Cómo habitarlo, cómo vivirlo, pero especialmente, cómo transgredirlo?Así como el Cándido de Voltaire quiso viajar para descubrir nuevos mundos, así Emmanuel, con una mochila en la espalda, llegó a México a los 17 años. “Me enamoré de este país”, afirma sin la menor vacilación. Durante tres meses, el joven viajero se dejó envolver por la luz, los colores, los espacios de las planicies y valles; volcanes y mares; museos y palacios. “Técnicamente nací en Domfront, pero ahora sé que a pesar de mis orígenes vikingos, nací en México”, escribió al final de una carta larga, larga, donde además enumeraba las razones de por qué este país le resultaba tan mágico. De ahí que ahora comprendamos mejor, por qué cada uno de los objetos que Emmanuel selecciona como anticuario del siglo XX, para su boutique, nos resulten tan seductores y al mismo tiempo tan funcionales. Créanme, todos los días, vivo en carne propia esta alquimia compuesta de transgresión y buen gusto. Allí está justo frente a la Plaza Río de Janeiro, mi sala, mi comedor, mi estudio y hasta mi recámara, pero sobre todo, allí está el lugar donde vive mi familia, donde trabajo y donde recibo a mis amigos. Todos estos espacios me acompañan gracias a Emmanuel Picault.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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