Yves Klein escogió el color azul. Para él, es el único color que no tiene una asociación de idea material como el rojo o el verde por ejemplo. “El azul recuerda quizá el mar o el cielo, que son lo mas abstracto en la naturaleza tangible y visible.” Con el azul el pintor puede hacernos descubrir la Sensibilidad Pictórica Inmaterial. El azul para Yves Klein no tiene dimensión, está fuera de dimensión. Es la razón por la cual el artista se tardo en encontrar el color azul y registro su IKB (International Klein Blue) en 1960, un pigmento ultramarino compacto sin aceite. Como lo decimos, el hombre está al centro del proceso. Sus monocromos tienen medidas específicas, las mismas que sirvieron para medir las distancias, el cuerpo humano, la pulgada, el pie, la toesa. Yves Klein quería que sus telas fueran de dos metros, para ser un poco más que la altura humana y un metro y medio de ancho, un poquito menos que la envergadura de los brazos. En 1961, un año antes de su paro cardiaco fatal, Yves Klein tuvo una gran exposición en Nueva York con los IKB (monocromos). La recepción fue horrible. Es en estas circunstancias, para explicar su camino artístico, que Yves Klein decidió escribir en su hotel, el Hotel Chelsea, el Manifiesto que describe tan bien su proceso artístico (Manifiesto del Hotel Chelsea).
Las únicas iconografías de Yves Klein no son representaciones, sino medios para pintar, como son las esponjas. Para él, los cuerpos son pinceles vivos y no representación de cuerpos. Yves Klein quería que sigamos su idea de medio y no sujeto en su iconografía. Las rosas para el son sangre, la sangre liberada de su representación para convertirse en un medio (Yves Klein era rosicruciano hasta 1953 y la rosa es muy importante en la representación rosicruciana). Los pétalos de oro son la moneda absoluta, el fuego, la fuerza, fuerza primera, al origen de nuestra civilización. El Azul mismo, fue descubierto por Klein visitando Asís y los cielos de Giotto. Símbolos primeros o medios?... En nuestra civilización sedienta de representaciones, Yves Klein quería mostrar otra dimensión, la Belleza Invisible. Un autor, al principio del siglo XX, percibió este concepto y lo narró a su manera. Influenciado por una anécdota real. Contó que un crítico de arte miró “La Vista de Delft” de Vermeer y fue hipnotizado por “la materia de un pequeño pedazo de pared amarillo.” Murió un poquito después murmurando “El pequeño pedazo de pared amarillo...” El crítico era desconocido y el autor era Marcel Proust. En su época, Marcel Proust redujo “La Vista de Delft” a lo esencial, el pedazo de pared, al amarillo, a la materia. Una fuerza tan vital que pudo resumir una vida y las últimas palabras de un crítico de Arte. En este caso como para Yves Klein, el artista no es el autor de una obra, es el revelador de la Belleza Invisible en su estado puro. Yves Klein nació antes de la segunda guerra mundial en 1928 en Niza Francia, en una familia de pintores.
Después de la guerra, Yves Klein que quería enseñar Judo (práctica del Arte en Japonés) se fue a Japón un año y medio para perfeccionarse. A su regreso, la federación le niega la posibilidad de enseñar e Yves Klein empieza su camino artístico. Muere a la edad de treinta y cuatro años, de un paro cardiaco, dejando uno de los legados más impresionante la sensibilidad pictórica inmaterial. |