s difícil imaginar la crisis de identidad que vivieron los indígenas durante la colonización española y portuguesa, y es quizá en las artes que aún viven y vibran en estos días, donde podemos descubrir la unión de las culturas americanas con las ibéricas. La mezcla y supervivencia de varias identidades, a pesar de la imposición de los invasores; el cambio de lenguas, costumbres, vestimentas y religión influenció enormemente en todas las artes. Desde el arte sacro para las grandes Catedrales como la mas pequeña Capilla rural, hasta el arte civil para la nueva arquitectura y sus contenidos, de estilo europeo y a la vez ampliamente influenciado por el comercio con el lejano Oriente, incluyendo materiales tan apreciados como son el caparazón de tortuga, la madreperla y el marfil.
Los artesanos indígenas no sólo continuaban con sus habilidades, como las de pintar sobre plumajes y cestas, sino que ahora interactuaban con los artistas europeos, quienes viajaban a la Américas, para ejercer el oficio y entrenar a los primeros. Creando desde los más altos niveles en la pintura con exponentes de la talla de Cristóbal de Villalpando en México, Diego Quispe Tito en Perú y José Campeche en Puerto Rico, en la escultura Aleijadinho en Brasil o las más exquisitas tallas de Guatemala. En platería, magníficos ejemplos del Perú y Bolivia o sorprendentes muebles dieciochescos poblanos, limeños y brasileños entre otros. La cerámica evolucionando desde la pureza prehispánica hasta el exuberante barroco en Tonalá. Descubrimos así, como las múltiples culturas empiezan a interactuar entre si, en un mundo que previo a la globalización ya es global. Las razas se empiezan a mezclar poco a poco dando lugar a las distintas castas. Los españoles, criollos y mestizos interactuando con los diversos indígenas de la Nueva España, (México y Centroamérica), y del Perú, (Ecuador, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Colombia, Chile, Argentina, Bolivia y Perú), así como los portugueses y africanos interactuando con los indígenas del Brasil. |