bicado en algún lugar de la ciudad de México, el departamento de un soltero esteta y celoso de su privacidad se abre a la mirada furtiva del lector. Ojos que ven… corazones que sienten. Lo que ven es lo que hay, se usa normalmente en la fotografía de interiores algunos truquitos para favorecer el espacio, enfatizar los elementos que componen una decoración interior. Aquí no se trata de una decoración interior, se trata del espacio de vida, del espacio intimo de un hombre deseando la obscuridad una vez pasado el marco de su puerta, de su hogar.Cincuenta y cinco metros cuadrados de intimidad, para un hombre acostumbrado a recorrer palacios y planicies, un esteta con suerte y dedicación a su visión cotidiana de los objetos, muebles, esculturas, fotografías… joyas del tiempo, magma de su vida.Vean lo esencial de lo que dispuso en las paredes del salón, fotografía de gallo de su amigo el fotógrafo francés Erwan Fichou, tinta china de un descargador de barco en Veracruz, retrato anónimo de una mujer Mexicana en los anos 40, miniatura del pintor Tunesino Jelal ben Abdala. Encima vean todavía la linea de oro horizontal cortando la fotografía en dos. Vean el capitonado del sofá de suede color arena. Vean en las próximas paginas la lampara del grupo de diseñadores franceses Tebong en los años 70, Vean su comedor de Ebano de Macasar donde como si fuera homenaje a Luis Barragán nada más 4 invitados pueden acompañar al anfitrión. Vean su mano extendida con una jarra amarilla traída de Francia. Vean los arbotantes como una aberración al minimalismo…Lo que no verán; pero lo que les voy a contar; porque de una manera o de la otra se lo merecen Lo que no verán es… la luz del departamento cuando transgreda la obscuridad.
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