Madame Chang-Kai-Chek:
Mujer Dragón

Por: Guadalupe Loaeza

abía una vez tres hermanas. La primera amaba el dinero, la segunda amaba a China y la tercera amaba... ¡el poder!"... Así es como las legendarias hermanas Sung, Ai-ling, Ching-ling y May-ling originaron este proverbio chino ahora famoso. Las tres hermanas Sung, pertenecientes a una familia que por su riqueza y poder dominó la China del siglo 20 hasta el triunfo del Comunismo, alcanzaron notables logros personales. La mayor de las hermanas Sung, Ai-ling, la que amaba el dinero, era conocida por su astucia financiera y se casó con el acaudalado H.H. Kung, descendiente directo de Confucio y el principal banquero de la China nacionalista. La segunda, Ching-lin, que amaba a China y apoyaba a los comunistas en contra de los nacionalistas chinos, se casó con el Dr. Sun-Yat-sen, líder revolucionario considerado el padre de la República China. Y la tercera, May-ling, obsesionada con el poder, se casó con el Generalísimo Chiang Kai-shek, el líder nacionalista, convirtiéndose en una de las mujeres más poderosas y famosas de la historia, ya que su situación conyugal le permitió ejercer el poder tras el trono de la China nacionalista. ¿Quiénes eran los Sung? Según el autor de La Dinastía Sung, Sterling Seagrave, desde los Borgia no se había visto una familia que representara un papel tan inquietante en el destino humano. Los Sung eran chinos sumamente occidentalizados y fueron protagonistas esenciales de acontecimientos que determinaron la historia de China casi un siglo. Amasaron algunas de las fortunas más grandes de entonces. Se decía que el hijo mayor, T.V. Sung, educado en Harvard, era el hombre más rico de la tierra. Charlie Sung, el patriarca, quien había vivido durante años en Estados Unidos, convertido en uno de los empresarios más ricos y más originales de la nueva China, salió de la oscuridad para fundar su dinastía. Fue en esta familia que nació, en Shanghai, en 1897, el décimo segundo día del segundo mes del antiguo calendario lunar, el 5 de marzo, una niña regordeta de cara de luna a la que nombrarían May-ling, que quiere decir "humor bello". De todo el clan Sung, ella fue la que más destacó y a la que se recuerda como la todopoderosa Madame Chiang Kai-shek. May-ling era una niñita muy mimada. Cuando, en una velada navideña, el Generalísimo Chiang Kai-shek, comandante en jefe del ejército del Partido Nacional Revolucionario Chino, señor de la guerra, conoció a una joven vivaz que tenía extraordinarias relaciones, y se enteró que era nada menos que May-ling, la hija del legendario Charlie Sung, hermana del banquero T.V. Sung, de madame Sun Yat-Sen y también de Ai-ling, la íntima amiga de Orejudo Tu, el jefe de la Banda Verde, una de las mafias chinas, la fuerza anticomunista más militante de China, Chiang se sintió fascinado. A pesar de que tenía una nueva esposa, otra anterior y una concubina reciente, planeó una hábil estrategia para hacerle una corte asidua con el fin de casarse con ella. En el momento en que la familia Sung se enteró de las intenciones de Chiang, se indignó. "Prefiero ver muerta a mi hermanita que casada con un hombre viejo que le lleva 11 años, que debía estar, por lo menos, con una o dos mujeres nada más en Cantón", exclamó una de las hermanas. "Es un advenedizo, ambicioso, oportunista, hijo de un vulgar traficante de sal y, además, tiene conexiones con pistoleros y es un mujeriego", prorrumpió la otra hermana. "Es casado y no es cristiano", sollozó la madre. Por su parte, May-ling se mostró indiferente hacía Chiang porque estaba comprometida; sin embargo, aceptó escribirse con él. Tiempo después, rompiendo con los elementos comunistas que estaban en el Kuomitang, ayudado por las cuadrillas de matones de la Banda Verde, Chiang ordenó que masacraran a los obreros fabriles. Esto significó la ruptura total con el partido comunista y dio origen a la Gran Marcha de Mao-Tse-tung. Chiang se convirtió en el supremo señor de la guerra. Era el momento de proponerle matrimonio a May-ling. Ella aceptó, amaba el poder. Si May-ling era su esposa, él dispondría de 'la boca y los oídos' necesarios para tratar con los occidentales". Era obvio que este matrimonio implicaba oportunismo de ambas partes.

Aunque fuera oriental de aspecto, era muy americanizada y, además, cristiana. Ella misma decía: "Lo único chino en mí es la cara". Era muy popular en su país, ya que dominaba varios dialectos chinos, conocía la literatura y respetaba las tradiciones, pero sus más grandes admiradores eran los extranjeros. Durante la Segunda Guerra Mundial su meta era que China fuese reconocida como una gran potencia y su esposo al nivel de Churchill, Roosevelt y Stalin. En su afán por lograr el apoyo americano para China en la guerra contra Japón, May-ling estaba dispuesta a todo. Viajó varias veces a Estados Unidos y, en Washington, fue recibida por los Roosevelt. Fue la segunda mujer en dirigirse al Congreso, en donde recibió una ovación que duró cuatro minutos. Madame Chiang causó sensación. "Invadió Estados Unidos y con su encanto se apoderó del país. Fue la primera mujer que apareció en la portada de la revista Time. Asistió con su marido a la Cumbre de El Cairo para encontrarse con Churchill y Roosevelt. Se entrometió en la conferencia vistiendo un atuendo de seda negra con un diseño de crisantemas bordadas en amarillo y una falda con una apertura hasta arriba de la rodilla. Como su esposo no hablaba inglés, ella tomó su lugar, corrigiendo sin cesar a los intérpretes simultáneos e imponiendo políticas sin dejar de fumar unos cigarrillos ingleses que sostenía con sus uñas larguísimas pintadas siempre en blanco nacarado. En China, las cosas ya no marchaban tan bien para los Chiang. El Generalísimo estaba nervioso y desconfiaba de todos, incluyendo de su esposa. Madame Chiang hizo un nuevo viaje a Estados Unidos. No obstante la ayuda y el apoyo incondicional que se les había dado, el recibimiento no fue el mismo. Washington se desinteresaba de los Chiang y el sucesor de Roosevelt, Harry Truman, advertido de la corrupción y deficiencia del régimen nacionalista de Chiang, no la recibió en la Casa Blanca. Mao Tse-tung, con su ejército de campesinos, avanzó desde el norte y obligó a la pareja a huir, habían acumulado una fortuna colosal. Como dijera el mismo Truman: "Robaron 750 millones de dólares de los 3 mil 800 que enviamos a Chiang. Los robaron y los invirtieron en propiedades en San Pablo, y una parte, aquí mismo, en Nueva York". También sus seguidores se refugiaron en Formosa, ahora Taiwán. A pesar de todos los esfuerzos de Madame Chiang para lograr la ayuda del Gobierno americano en 1965 para obtener material de guerra que les permitiera retomar China, nunca lo consiguió.

Chiang Kai-chek murió en 1975. La que varios años había sido considerada una mujer maravillosa por los norteamericanos, murió el 23 de octubre de 2003 a la edad de 105 años, en Nueva York.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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