
a pasión de María Feliz (como la ha nombrado Nicolás) para Cartier era como una historia de amor. Siempre más. Su diamante gigantesco en el dedo como arma femenina (firmado Cartier), su collar de coral (Cartier por supuesto), sus aretes serpientes (todavía Cartier), María Félix pasaba de una filmación a un cóctel, sin olvidar a sus bellos compañeros que nunca la dejaban. Siempre más. Un día en su casa de Cuernavaca me contó la historia famosísima de los cocodrilos, un collar sensacional que fue el orgullo de Cartier en su tiempo. La Doña llegó un día al Place Vendôme con sus cocodrilos vivos para hacerlos copiar en un collar. ¡Vivos! “Por supuesto Anita!” Que más decir. Cartier logró hacer unos de los collares más espectaculares con los cocodrilos. Ahora entramos a las casas de María Félix con el mejor guía mi esposo Nicolás.
Yo la llamaría también María Feliz!! Así la ven en Cuernavaca, en ese maravilloso refugio en el que se ha convertido la Casa de las Tortugas. No se ha transformado solo, María Félix lo ha cambiado a su manera. Con sus colecciones. Con su gusto: que es el perfeccionismo y la armonía. Como ella misma con mucha gracia lo aclara” Y que crees, que todo se hizo por arte de magia? No hijo, no. Todo esto cuesta mucho trabajo. Hay que trabajar mucho para que las cosas surjan. Todos estos muebles, mira, me los traje todos desde París en la boca del avión”. María ha montado y desmontado casas en París y en México. Con una gran habilidad y un gran gusto siempre ha concluido sus casas, marcando un estilo: por ejemplo, la última casa de María en Neuilly en París tuvo el sello Napoleón III. Su Villa de Cuernavaca lleva como tema las Tortugas, un reptil por que el María tiene una especial admiración y cariño. En su Villa de Cuernavaca hay muchas tortugas. Desde el pórtico, en el frontón de la fachada, una tortuga fue trabajada en piedra de cantera. En el interior de la casa, en el vitral-plafond multicolor. En el fondo de la alberca tres tortugas fueron interpretadas en mosaico veneciano. En el pasamanos del barandal de la escalera a base de pasta y en un extraordinario trompe l’oeil, fueron realizados los caparazones de la tortuga. María ha ido desarrollando el tema desde el inicio, cuando hace unos diez años adquirió la propiedad, que había sido construid en los años setentas por el talentoso Pepe Mendoza, un arquitecto con un sentido muy europeo de la arquitectura. En cada uno de sus proyectos se inspiraba en las Villas Italianas. El mayordomo de la casa nos invita a pasar. Atravesamos un corredor antes de llegar a un salón abierto de caprichosa arquitectura que ha redondeado muros y plafond en una curva de medio punto. Fue idea de María, que quiso darle mayor movimiento a este espacio tan ricamente decorado, con un par de gabinetes indo-portugueses en carey y nácar del Siglo XVII, arcángeles estofados mexicanos del Siglo XVIII y un juego de cuatro jarrones de museo firmados J. Petit con las Catedrales de México, que descansan sobre una gran chimenea en piedra. Así comienza el “trip” chez María. Es una casa que hay que recorrer, y… bueno, si se tiene a la Doña de guía, todavía mejor. Pues en sus propias palabras, la historia y las anécdotas de cada una de sus pertenencias, de sus pinturas, de su mobiliario, de sus colecciones, cobran vida y otra dimensión. María es una mujer que en esencia es ya desde ahora historia. Es un privilegio estar con ella y poder escucharla. Su casa también habla por ella.
María baja de sus aposentos, acompañada por sus colaboradores y a la vez guardianes. Fulano y Zutano. Son como ella misma asegura parte de su “equipo”. La siguen por donde ella está. Cuidan que todo esté en fondo y forma, María es detallista. Y no se le escapa ni el mínimo detalle. Es exigente. Y por eso, comenzando por ella misma, triunfó en su carrera. Aquí y en Europa. A lo grande. En el mundo. Hoy la crítica sigue hablando de ella. Los cronistas la comentan. Las celebridades la consideran. Los escritores publican libros sobre ella. Sigue siendo actual. Ha caminado exitosamente por nuestro siglo y entra al nuevo milenio airosa al contra ritmo de sus propias tortugas, que si vivientes van paso a paso, en su casa están estáticas. Nos invita a bajar los 124 escalones de la piscina al merendero de la barranca, que hace apenas unas semanas acaba de restaurar y concluir, con los colores exactos y precisos que ella traía en la cabeza: el azul cobalto y el anaranjado papaya, colores que le han ido espléndidamente al conjunto. De pura cerámica. Y para que las uniones del cemento blanco no se pudieran ver ni de lejos. Las mandó pintar a pincel. Así de “net” tenían que quedar los muros y los pisos de es ultrarefugio de su casa, coronado por un aplique de plata maciza que siendo el respaldo de su propia cama, María lo mandó a colocar en la mejor de las perspectivas, en el muro final de esa reconfortante isla del fondo del jardín.
Antoine Tzapoff, pintor ruso-francés, autor de toda la obra trompe l’oeil tan magistralmente ejecutada en muros, columnas y marcos, aparentando carey, mármoles, tejidos, maderas, porcelanas y hasta insectos es también el gran artista, pincel extraordinario y colorista excelso, que ha dejado en sus telas algunos de los mejores y más polifacéticos retratos de la María de la última década y media.
Su recámara y anti chambre cambian por completo de estilo. Los colores se vuelven tenues y reposantes. El mobiliario se va de nuestros siglos y le toca a los ebanistas de Louis XVI esculpirlos y dorarlos. Hay silencio. Intimidad y gracia.
Nos lleva a la biblioteca que Jean Paul Olivier, quien la ha acompañado desde 1987 en los trabajos jamás fáciles de esta casa, acabó de concluir en fina maderas hace apenas unas semanas, cuando en mayo de este año terminábamos de hacer estas fotos en una graciosa exclusiva que La Doña otorgaba a nuestra revista. Sobria, formal, en boiserie de nogal oscuro, con destellos de marfiles y ébanos, el nuevo y ultimísimo (¿o hay algo más María?) Espacio de la casa surge como uno de los más acogedores e íntimos.
La ciudad de la eterna primavera, reconfirma su dicho. Estamos en el mejor clima. En la mejor casa. Con la mejor de las gentes. En el mundo de María.
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