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pasado casi veinte siglos del drama del Gólgota. Para creyentes
y no creyentes y no creyentes también, el martirio de Cristo encuentra
su mayor sentido en la búsqueda de justicia y hermandad entre los
hombres, aunque en la empresa se vaya la vida . ¿Cuántas
veces, en estos casi veinte siglos, la humanidad ha sido testigo de similares
sacrificios , anónimos tal vez, pero igualmente desgarrantes? Y
cuantas veces, también , el mundo se ha encontrado al borde del
abismo, el futuro pendiente de un hilo, por la incomprensión e
insensatez de los hombres. Por eso lo que un día protagonizó
Jesucristo es un destino propio del hombre, una tarea irrenunciable, de
un plazo cotidiano.
Este mes nos alcanza la Semana Mayor y su clima se actualiza en gente
con fe religiosa y sin ella, la validez de estas reflexiones pues en este
mundo de hoy, convulsionado por conflictos que huelen a holocausto , a
cada momento está repitiéndose - en algún lugar,
de alguna forma- la Pasión del Calvario. Tal vez lleguemos a comprender
que el destino está en nuestras manos y se decide con cada uno
de nuestros actos.
Nicolás H. Sánchez-Osorio
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