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impacientes de descubrir el nuevo techo de vidrio del Grand Palais, adonde
regresa la Bienal de los Anticuarios de París, después de
una ausencia de varios años, tiempo necesario para la remodelación
de este lugar mágico de exposición en el corazón
de París. La Bienal tiene sus letras de oro en el mundo de los
anticuarios, por la dinámica y la calidad excepcional de las antigüedades
presentadas. El esfuerzo magistral de escenografía y el refinamiento
de los detalles de decoración que acompañan a la presentación
de las pinturas, esculturas, mobiliario, es un encanto y una enseñanza
tanto para los paseantes como para los coleccionistas.
Más y más, la tendencia de la Bienal de
París es la de presentar un espacio completo, homogéneo
de un artista o de una época muy determinada. Así, la Galería
Vallois ha mostrado el trabajo de Jacques-Emile Ruhlmann en 1998, Eileen
Gray en 2000, o Armand-Albert Rateau en 2004, la Galerie du Passage una
decoración con todas las piezas de Jean-Michel Frank… El
Art Decó y los años 30 son de nuevo muy celebrados este
año y de nuevo el gran artista francés Jean-Michel Frank
va a ser muy representado (Galería Vallois). Pero la fuerza de
la Bienal consiste en reunir todas las tendencias con lo que nunca pasa
de moda, que son las piezas rarísimas por su historia o su calidad.
No podemos olvidar los grandes anticuarios, ni las maravillas que vamos
a encontrar, en Joyería con Van Cleef and Arpels o en Pintura con
la Galería Cazeau La Berodiere o Richard Green.
Lo fascinante es la trayectoria de las piezas presentadas,
como el par de gabinetes de Claude-Charles Saunier (Galería Aveline),
hechos 4 años antes de la revolución francesa y comprados
por el coleccionista ingles William Beckford, que pasó 2 años
en París en tiempos de la revolución y que compró
mucho arte de los revolucionarios. 200 años después, los
gabinetes están de nuevo en Francia esperando un nuevo dueño.
El trabajo tan refinado de unas piezas como el armario
de Andre Charles Boulle presentado en la Galería Gismondi nos hechiza
y nos lleva al mundo del ebanista, una locura obsesiva de la perfección.
Herve Aaron en la Galería Didier Aaron nos ofrece una consola muy
clásica del siglo XVIII, en madera dorada con su tabla de mármol.
¿Muy Clásica? Admiramos con detenimiento esta consola “clásica”
y podemos descubrir el onirismo esculpido con la precisión de un
orfebre, la posible influencia china de los motivos, la influencia italiana
de las hojas de acanto. La consola es testigo de la curiosidad por las
civilizaciones internacionales que existía en esa época
en Francia y la mezcla armoniosa que realizaron sus ebanistas.
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