ugenio
más metido que nunca en las raíces de su proyecto, va y
viene entre México y Los Ángeles donde radica. Viaja alrededor
del mundo en busca de nuevas adquisiciones y asiste por supuesto a las
más importantes ferias de arte. Marco en Madrid, Art Basel en Miami,
FIAC en París, le han ofrecido algunas veces la oportunidad de
descubrir obra y pintores.
Eugenio López A., al tratar el tema de la Colección Jumex,
nos confiesa que siempre quiso adquirir arte, más no sabía
donde ponerlo. En uno de sus viajes por el mundo visitó en Londres
la colección Saatchi, circunscrita a una bodega. Intrigado con
esta idea se documentó en libros para enterarse de “a-a-z”
del cómo las empresas muestran sus colecciones de arte y decidió
imitar esta tendencia fundando lo que es hoy la Colección Jumex.
Eugenio López A., hubiera querido comenzar en un lugar céntrico
como Polanco o la Condesa, pero su familia se negaba a invertir en un
proyecto que a corto plazo no ofrecía ningún tipo de recuperación
financiera. Por ello su padre le concedió un gran espacio en su
fábrica. A Eugenio le brillan los ojos al evocar su espacio en
Ecatepec. Desarrollar el proyecto en un lugar tan especial, a las afueras
de la ciudad, le ha permitido valorar más la belleza del arte contemporáneo.
Ojalá –me dice- pronto pueda trasladar la exposición
a un lugar que esté en la ciudad misma al alcance de muchísimos
más visitantes.: Polanco por ejemplo.
¡Cuál es la finalidad de tanto esfuerzo Eugenio?
Sus ojos le brillan nuevamente. Se reacomoda sus cabellos y los aplasta
hacia atrás y su semblante parece evocar un sueño. Se crea
un silencio…
Mira, dedicar mi tiempo al arte y poder compartir la Colección
con la gente es algo que y forma parte de mí ser.
Antes de despedirnos de Eugenio, recorremos fugazmente los cuatro muros
de su espacio. Y nos paramos por un momento frente a los verdes del bosque.
Ahí abajo y del otro lado de Paseo de la Reforma quedaba Chapultepec.
Su castillo con su historia. El espacio entre esta caja de cristal llena
de arte y las multitudes que se pasean entre jaulas con elefantes. Y barcas
cuyos enamorados reman uno a uno hasta matar el tiempo de “sus”
horas. Gracias Eugenio.
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