Las
últimas palabras de la Divina Comedia de Dante nos dan la definición
del Amor como una rueda exacta, un circulo, del cual el mejor científico
no puede precisar su formula, porque necesita un nombre irracional. Solamente,
el Irracional puede dejarnos entrar en los círculos divinos. Leonardo
da Vinci en su estudio de las proporciones divinas, trató de convertirse
en el geómetra de Dante, y Alejandra Alemán en su entrevista
de Nicola Montecchi nos explica quien era el hombre de Vitruvio de Leonardo.
El círculo perfecto no existe en la Naturaleza, necesita el movimiento,
la mano del diseñador o del arquitecto. Diego Matthai nos presenta
la problemática del círculo en arquitectura. Hay miles de
usos del círculo.
Artistas como Miguel Ángel y su ensayo sobre las
escaleras nos revela las espírales perfectas, como hoy la escalera
del Hotel Alvear. Charles Cameron en Pavlovsk usó el círculo
en las rotondas, galerías, capillas… Mas recientemente, Marco
Antonio Aldaco definió la palapa redonda, como el encuentro privilegiado
de una casa careyense. No es negligencia si Pablo Maurer dejó su
antigua rueda de carroza al pie de la escalera de su hacienda de San Mateo.
Forma perfecta para Gian Franco Brignone quien usa el círculo en
todos sus proyectos de Careyes, ilustración del calendario para
los aztecas -el tiempo se repite-, símbolo de perfección
de homogeneidad para Lidia Pérez o de protección al interior
del cual, nada puede pasar. Quizá, esos lunares representan lo
mismo para Yayoi Kusama que empezó su trabajo obsesivo hace 50
años. El círculo puede convertirse en un nudo, necesitando
un camino, una introspección. Si el nudo tiene salida, es un laberinto,
un viaje iniciático, “el mismo para todas las civilizaciones”
nos dice Pedro Friedeberg. Aquí, regresamos a Dante, quien en esencia
nos dice que el Amor, rueda exacta, puede mover todo, hasta el sol y las
estrellas. ¿Circulamos?...!!!
Anne Sánchez-Osorio
anne@casasgente.com |