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a precisión del calendario Azteca o de los más sofisticados
antecesores, los Toltecas era impresionante. Los cómputos del calendario
azteca son más exactos que todas las cuentas de los calendarios
de la Cristiandad.
Los Aztecas para medir el tiempo lo ajustaban al ciclo solar dividiendo
el año en 18 meses de veinte días por mes y luego, como
el calendario Egipcio le aumentaban cinco días para completar los
365 días del año. Estos cinco días no pertenecían
a ningún mes en particular y los consideraban como días
de mala suerte. El mes estaba dividido en cuatro semanas de cinco días
cada una y el último día era dedicado al mercado. Este sistema
tiene la ventaja sobre los calendarios de Europa y Asia de que todos los
meses tienen el mismo número de días.
El año solar tiene cerca de seis horas más (exactamente
once minutos menos de seis horas), de las 8760, o sea, 8766 horas y esas
horas en los calendarios, el Gregoriano que es el que usamos, se intercalan
cada cuatro años un día en el mes de febrero cuando se llama
bisiesto, en cambio en el calendario Azteca (que en el fondo era el Tolteca,
los Aztecas siempre presumían de su parentesco con los Toltecas,
cosa que no es cierta, pero así como fueron los Griegos para los
Romanos, los Toltecas lo fueron para los Aztecas, el ajuste se hace intercalando
veinticinco días en cada ciento cuatro años, por lo que
en el calendario Aztecas se necesita que pasen más de cinco siglos
para que exista una diferencia de un día de 24 horas.
Los jeroglíficos eran cuatro: el conejo, que significaba el elemento
aire por la velocidad del animal; el tule, que es una planta que crece
en el agua, por el elemento agua; la piedra, por el elemento fuego, ya
que frotando piedras se producían las chispas para encender el
fuego; la casa, por razones obvias, representaba el elemento tierra. En
el calendario se reflejaba el elemento que más predominaba en la
estación relativa, por ejemplo, aire equivalía a nuestro
invierno, agua a nuestro verano, fuego al otoño y casa a la primavera.
(Los Franceses usaron durante la revolución una denominación
parecida, los nombres de los meses se inspiraban de las estaciones, el
tiempo y las cosechas: Vendémaire, Brumaire, Frimaire, etc). Los
ciclos eran de 52 años y se representaban por un haz formado por
las cuatro estaciones.
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