El calendario azteca

 

Por Jaime de la Pintade Foto: Humberto de Santaolalla

 

a precisión del calendario Azteca o de los más sofisticados antecesores, los Toltecas era impresionante. Los cómputos del calendario azteca son más exactos que todas las cuentas de los calendarios de la Cristiandad.
Los Aztecas para medir el tiempo lo ajustaban al ciclo solar dividiendo el año en 18 meses de veinte días por mes y luego, como el calendario Egipcio le aumentaban cinco días para completar los 365 días del año. Estos cinco días no pertenecían a ningún mes en particular y los consideraban como días de mala suerte. El mes estaba dividido en cuatro semanas de cinco días cada una y el último día era dedicado al mercado. Este sistema tiene la ventaja sobre los calendarios de Europa y Asia de que todos los meses tienen el mismo número de días.


El año solar tiene cerca de seis horas más (exactamente once minutos menos de seis horas), de las 8760, o sea, 8766 horas y esas horas en los calendarios, el Gregoriano que es el que usamos, se intercalan cada cuatro años un día en el mes de febrero cuando se llama bisiesto, en cambio en el calendario Azteca (que en el fondo era el Tolteca, los Aztecas siempre presumían de su parentesco con los Toltecas, cosa que no es cierta, pero así como fueron los Griegos para los Romanos, los Toltecas lo fueron para los Aztecas, el ajuste se hace intercalando veinticinco días en cada ciento cuatro años, por lo que en el calendario Aztecas se necesita que pasen más de cinco siglos para que exista una diferencia de un día de 24 horas.


Los jeroglíficos eran cuatro: el conejo, que significaba el elemento aire por la velocidad del animal; el tule, que es una planta que crece en el agua, por el elemento agua; la piedra, por el elemento fuego, ya que frotando piedras se producían las chispas para encender el fuego; la casa, por razones obvias, representaba el elemento tierra. En el calendario se reflejaba el elemento que más predominaba en la estación relativa, por ejemplo, aire equivalía a nuestro invierno, agua a nuestro verano, fuego al otoño y casa a la primavera. (Los Franceses usaron durante la revolución una denominación parecida, los nombres de los meses se inspiraban de las estaciones, el tiempo y las cosechas: Vendémaire, Brumaire, Frimaire, etc). Los ciclos eran de 52 años y se representaban por un haz formado por las cuatro estaciones.


 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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