| ntes
del “Social”, es decir en 1935, la gente en México
no se vestía para las fiestas, ni las fiestas se reseñaban
en los periódicos. Hoy, no puede usted comerse un sándwich
untado de jamón del diablo, o salir con sus amigas, a las horas
matinales, andar en bicicleta en el parque San Martin, sin que surjan
cuatro fotógrafos y cuatro reporteros sociales a registrar el acontecimiento
y a darle escandalosa publicidad. Nosotros tenemos la culpa. Mire usted
lo que hemos desencadenado. Al principio, teníamos que hablarles
por teléfono a los amigos: Oye, fulana, sabemos que vas a tener
una fiesta, ¿quieres permitir que vaya un fotógrafo a retratarla,
y darnos la lista de invitados?. Las familias no querían, se rehusaban,
se resistían. Hoy, ya ve usted. Todo el mundo escribe de todo lo
que hace las personas de sociedad. Hubiera usted visto en la ópera
la otra noche. No se podía ni caminar por los pasillos; televisión,
y radio, y cronistas, y fotógrafos. Creo que había más
que gente, y todos vestidos. Y de toda esta plaga, de esta calamidad,
yo le digo a Pancho, mi marido, que nosotros tenemos la culpa”.
Lo que seguramente no ignoraba la señora Borja Bolado, fundadora
y directora de la prestigiosísima publicación, era que su
revista mensual, se había convertido, en la ilusión de miles
de lectoras mexicanas. Gracias a sus páginas muchas de ellas se
sabían de memoria el árbol genealógico de todos los
duques, condes, marqueses, príncipes y reyes europeos. Sabían
en qué fecha se habían casado Lord y Lady Willoughby y cuántas
carrozas tenían. Aunque no asistieran a todas las fiestas, comidas,
bautizos y primera comuniones de las familias que conformaban los conocidísimos
“Trescientos y algunos más…”, por el solo hecho
de estar al corriente de sus acontecimientos sociales, tenían la
impresión de formar parte de su familia al mismo tiempo de que
se hacían ilusión de pertenecer a un mundo sofisticado y
sumamente exclusivo. Descubrir las fotografías ya sea de los aristócratas
y de sus palacios o de las residencias de la alta burguesía mexicana,
de los clubs deportivos, de los perros y de los salones y boites a donde
solían asistir, los Ortiz de la Huerta, los Rincón Gallardo,
los Cortina o los Sánchez Navarro, a muchas de ellas, les daba
sentido a su vida. Por ejemplo el día de la coronación del
Rey Jorge VI, del cual, “le tout Mexico” se había enterado
gracias al “Social”, muchas de estas lectoras habían
ofrecido la comunión por la Reina Madre. De uno de sus reportajes
ilustrados, habían recortado el retrato de la familia del Duque
de Kent, hermano del Rey de Inglaterra, acompañados por sus hijos,
el príncipe Eduardo y la princesa Alejandra y lo habían
colocado en el interior de un marquito de plata que, tal vez, habían
comprado en Taxco. Gracias al “Social”, se habían enterado
del divorcio de Elena de Grecia y el Rey Carol II de Rumanía. Cuando
en sus páginas empezaron a publicarse fotografías del Rey
Carol y de su amante, Madame Lupescu paseándose por todos los cabarets
de México, la observaba, con la ayuda de una lupa, durante horas
y horas. Este ejercicio, de alguna manera, les permitía apropiarse
de las vidas de estos personajes y así olvidar el tedio de las
suyas…
|