Raúl Gil

Buscador de Majestad

Por: Hector Azar Barbar

 

 

ué misterios se pasan con el arte fotográfico? ¿Qué es lo que hace que un instante se detenga? ¿Por qué inalcanzables razones la imagen se condensa, se cristaliza y el suceso, la movilidad de los aconteceres parece detenerse y con ello andar el mecanismo del reloj del tiempo incesante y cesáreo, la apertura imprevista del espacio…? ¿qué misterios se pasan con el arte fotográfico?
Quizá la inconmensurable capacidad de sugerencia que poseen las imágenes por sí mismas determinan la índole de la mística fotográfica ; cuando la lente de la cámara se advierte con mayor amplitud y precisión que el ojo humano, por avisor que éste sea. La fotografía como paraviento gálico generalmente de lo que se ve y escucha; aquello con capacidad acústica, no del tiempo para que pase sin pasar. Valladar y amplísimo horizonte es la fotografía.
El arte fotográfico de Raúl Gil transcurre y vibra con el frenesí sensorial con que este artista singular percibe las cosas de la vida.
Su vida en el arte como experiencia múltiple de lo que se ve y se siente, puesto que el pensamiento del artista se absorberá en el cálculo infinitesimal de la luz y sus temas selectos, en razonamiento íntimo que abre y cierra el diafragma en busca de la nitidez que va al hallazgo de un foco que nos ayude a fijar no sólo los contornos, sino la profundidad claroscura de la luz, proyectando emociones, con la singularidad emotiva del objeto amado como depositario de la entrega final.
La sensualidad –cuando no la propia sexualidad-se presenta como constante en los trabajos de Raúl, acompañada por una libertad temática que lo lleva, y nos obliga a ir con él, de enamoramiento corporal por el sagrado motivo gastronómico (su foto del mole indiscutiblemente poblano es ya una clásica de la fototeca de Puebla, tan llena de imágenes notables) a todo aquello que revela la vida de la gente, como algo total y definitivo y muy digno de ser temerariamente vivido, disfrutado.
Ahora nos sorprende con una especie de safari visual en el corazón de África, con cualidades que prolongan la fuerza fotogénica que inaugura en Puebla Juan C. Méndez a principios de siglo, y cuya audacia lo llevaría a retratar la seducción, instalado detrás del visillo o del muy rebuscado zaguán del virreinato, para satisfacer al gusto su afición a lo visto y escuchado Gil-como pudo ser Méndez- es voyer y en voyager agazapado detrás de la lente. Su indiscreción es infinitesimal, protozoica longilinea como patentiza la animalía que retrata y el propio divertimiento con que disfruta su profesión.

 

 

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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