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misterios se pasan con el arte fotográfico? ¿Qué
es lo que hace que un instante se detenga? ¿Por qué inalcanzables
razones la imagen se condensa, se cristaliza y el suceso, la movilidad
de los aconteceres parece detenerse y con ello andar el mecanismo del
reloj del tiempo incesante y cesáreo, la apertura imprevista del
espacio…? ¿qué misterios se pasan con el arte fotográfico?
Quizá la inconmensurable capacidad de sugerencia que poseen las
imágenes por sí mismas determinan la índole de la
mística fotográfica ; cuando la lente de la cámara
se advierte con mayor amplitud y precisión que el ojo humano, por
avisor que éste sea. La fotografía como paraviento gálico
generalmente de lo que se ve y escucha; aquello con capacidad acústica,
no del tiempo para que pase sin pasar. Valladar y amplísimo horizonte
es la fotografía.
El arte fotográfico de Raúl Gil transcurre y vibra con el
frenesí sensorial con que este artista singular percibe las cosas
de la vida.
Su vida en el arte como experiencia múltiple de lo que se ve y
se siente, puesto que el pensamiento del artista se absorberá en
el cálculo infinitesimal de la luz y sus temas selectos, en razonamiento
íntimo que abre y cierra el diafragma en busca de la nitidez que
va al hallazgo de un foco que nos ayude a fijar no sólo los contornos,
sino la profundidad claroscura de la luz, proyectando emociones, con la
singularidad emotiva del objeto amado como depositario de la entrega final.
La sensualidad –cuando no la propia sexualidad-se presenta como
constante en los trabajos de Raúl, acompañada por una libertad
temática que lo lleva, y nos obliga a ir con él, de enamoramiento
corporal por el sagrado motivo gastronómico (su foto del mole indiscutiblemente
poblano es ya una clásica de la fototeca de Puebla, tan llena de
imágenes notables) a todo aquello que revela la vida de la gente,
como algo total y definitivo y muy digno de ser temerariamente vivido,
disfrutado.
Ahora nos sorprende con una especie de safari visual en el corazón
de África, con cualidades que prolongan la fuerza fotogénica
que inaugura en Puebla Juan C. Méndez a principios de siglo, y
cuya audacia lo llevaría a retratar la seducción, instalado
detrás del visillo o del muy rebuscado zaguán del virreinato,
para satisfacer al gusto su afición a lo visto y escuchado Gil-como
pudo ser Méndez- es voyer y en voyager agazapado detrás
de la lente. Su indiscreción es infinitesimal, protozoica longilinea
como patentiza la animalía que retrata y el propio divertimiento
con que disfruta su profesión.
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