Carta para un Amigo

 

Por: Guadalupe Loaeza

 

erdad Juan que tu mismo asegurabas que para ti era más importante la amistad porque en el amor se sufría mucho y seguido se sentía uno insatisfecho? No en balde tenías tantos y tantos amigos que te querían enormemente, entre ellos Nicolás Sánchez Osorio. ¿Cómo cuántos habrás tenido, Juan? Solamente tú sabes. Al saber lo triste que se pondrían con tu partida, qué triste has de haber estado por ellos. Siempre fueron tan importantes para ti, que cuando pasaba mucho tiempo sin verlos, te preguntabas, preocupado, por su suerte: “¿Estará bien fulanito de tal? ¿Captaré bien la personalidad de zutanita? ¿Cómo estará perenganito de salud?” ¿Verdad que cuando te enterabas de su muerte sentías una gran tranquilidad? “Por lo menos ya está descansando”, pensabas aliviado. Ay, Juan ¿qué haríamos sin los amigos? ¿Acaso no nos sentiríamos aún más solos de lo que realmente estamos? Ay, Juan, ¿qué vamos a hacer sin ti? La idea de que ya nunca más te voy a encontrar en ninguna fiesta, ni en la Embajada de Francia, ni en la colonia Condesa, ni mucho menos al lado de Marek, más que ponerme nostálgica, me enoja. ¿Cuándo fue la última vez que nos vimos? ¿Te acuerdas que fue en el Museo Amparo en Puebla, el día en que te hicieron un homenaje? Pero también déjame decir que la última, ultima vez fue en un sueño que tuve el sábado en la madrugada. Soñé con tus cuatro hermanas: Rosa, Cristina, Carolina y Martha. Las ví todas juntas. Creo que estaban en el cielo. Sí, Juan, aunque estabas convencido que se habían ido derechito al infierno, estaban en el paraíso. “Mamá, mamá, ponte un poquito de polvo, porque ya va a llegar Juan”, gritaba la mayor. Pobrecita de tu madre, ella, nada más lloraba de pura felicidad. “Juanito, Juanito”, murmuraba. A pesar de su muy avanzada edad, se veía embarazada y con la cara muy hinchada. ¿Quién crees que estaba también por allí en mi sueño? El “desgobernado” de tu padre, como le llamabas. Sí ya sé, que también él merecía el puritito infierno, que era un “demonio en bicicleta” por cómo siempre trató a tu madre y a todos ustedes. Sí, ya sé que todos los domingos por la mañana la arrastraba por el suelo y que se la pasaba borracho, el caso es que él también estaba en lo que pensaba era el cielo y por extraño que te parezca no estaba enojado. Al contrario, se veía muy contento por tu llegada. Los que también se veían muy complacidos eran tus abuelos y tus 13 tías todas vestidas de negro. Martha la más chica, llevaba en las manos un cuadro tuyo, el desnudo que le pintaste, corregido por su lipstick. De pronto me ví en el mismo sueño diciéndole a tu familia: “Sí, Juan Soriano va a llegar de un momento a otro. Lo que pasa es que le están haciendo un homenaje en Bellas Artes. Pero no tarda. Estoy segura que le va a dar mucho gusto volverlos a ver a todos. Su familia siempre fue parte suya. Aunque no se sentía responsable de sus “fechorías”, como él mismo decía, adoraba a su madre y a sus hermanas. Claro que a veces las encontraba un poquito atolondradas. El siempre se preocupó por sus novios “fraudulentos” por sus novios desobligados e inútiles. Se preocupaba porque no se querían casar con ustedes. O bien, se preocupaba porque cuando finalmente se casaban, sus matrimonios duraban bien poquito. Además, ustedes, mejor que nadie, saben que siempre las ayudó para que hicieran lo que quisieran. ¿Acaso cuando Juan se vino a México, muy jovencito, no lo siguieron inmediatamente? No, no podían vivir sin él. Esto a veces lo abrumaba, sin embargo siempre las ayudó económicamente. Las adoraba” Después me desperté sobre saltada. Este sueño lo tuve en el hotel Camino Real de Villahermosa. Fue en esa ciudad que me enteré de tu desaparición. Había ido a dar una plática sobre los dos candidatos tabasqueños. Por cierto, Juan, por quién ibas a votar. Creo que en el fondo, las elecciones presidenciales, te valían sombrilla, ¿verdad? Cuántos presidentes mexicanos te habrán decepcionado en tu larga vida…
Bueno, Juan, te voy a dejar… Te voy a extrañar y te voy agradecer todo lo que me diste: alegría, recuerdos, una pintura de ranitas, un dibujo a lápiz de Luis G Basurto, pero sobre todo, tu amistad y la de Marek.
Te quiere como siempre, Guadalupe.

Las obras de Juan Soriano se encuentran en exhibición en el Museo Amparo de la ciudad de Puebla hasta el 10 de abril de 2006

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

Suscripción en línea

 
Suscríbase | Contenido | Regresar al Inicio
 
Contacto
Envíenos sus Comentarios