Rodolfo morales

INVADE CON SUS OBRAS EL MUSEO AMPARO
DE PUEBLA DE LOS ANGELES

Por: Carlos Landeros

 
Patria: Tu superficie es el maíz,/Tus minas el palacio del Rey de Oros,
Y tu cielo, las garzas en desliz/Y el relámpago verde de los loros.

Desde el mes de febrero el museo Amparo de la ciudad de Puebla de los Ángeles abrió sus puertas para mostrarnos una exposición impactante de pinturas del gran artista oaxaqueño Rodolfo Morales a quién el maestro Rufino Tamayo tanto admiró.
Es una muestra que deslumbra. Una cascada de colores encendidos ha invadido el magnífico recinto que alberga temporalmente la obra del artista oaxaqueño, cuyos personajes nos siguen sorprendiendo. Sus animas en pena, vagadoras indiferentes sin rumbo a quienes no les interesa saber a que mundos las lleve su destino. Trenes que transportan a sus ocupantes a lugares lejanos y desconocidos. Personajes hieráticos que nunca sonríen. Aviones que no llevan a ninguna parte. Sus novias chagalescas en busca de un novio que nunca aparece, que las deja vestidas con un dejo de tristeza reflejada en sus rostros casi hieráticos. Nunca sonríen. Sus personajes siempre están suspendidos en el tiempo. Personajes que a fuerza de ser irreales no lo son tanto porque al contemplarlos imaginamos lo que están pensando. Su muerte es solo aparente. Están vivos porque le han robado el alma a su creador.
En otros salones del museo el visitante se queda maravillado con los manojos de flores en una fiesta de matices y combinaciones increíbles que encuentran en la paleta única de Morales un motivo para ofrecérselas como un homenaje a su admiradísimo Matisse.
Ocotlán, su amado pueblo refleja a todos los pueblos de México, siempre está presente en las obras del pintor: con los entierros de sus difuntos, las plazas y sus kioscos con sus bandas de música en acción. Sus calles, las iglesias con sus atrios y alamedas de cipreses, el árbol de los cementerios en contraste con el indispensable mercado pueblerino, fuente de vida, con sus frutas, legumbres y aromas imborrables. De sus personajes no se le escapa ninguno. Hasta sus amados perros callejeros aúllan y nos miran tristemente presintiendo ya el irremediable abandono de su amo. Su hacedor Rodolfo Morales se fue como él era: callado, discreto, triste y sin deseos de marcharse todavía, pero resignado a su suerte como sus personajes.
Tenemos que ir a Puebla a visitar esta excelente exposición.. ¿Cuándo la veremos en la ciudad de México?

Tu barro suena a plata, y en tu puño,/Su sonora miseria es alcancía:
Y por las madrugadas del terruño,/En calles como espejos, se vacía
El santo olor de la panadería.
“Suave Patria” Ramón López Velarde.


 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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