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el mes de febrero el museo Amparo de la ciudad de Puebla de los Ángeles
abrió sus puertas para mostrarnos una exposición impactante
de pinturas del gran artista oaxaqueño Rodolfo Morales a quién
el maestro Rufino Tamayo tanto admiró.
Es una muestra que deslumbra. Una cascada de colores encendidos ha invadido
el magnífico recinto que alberga temporalmente la obra del artista
oaxaqueño, cuyos personajes nos siguen sorprendiendo. Sus animas
en pena, vagadoras indiferentes sin rumbo a quienes no les interesa saber
a que mundos las lleve su destino. Trenes que transportan a sus ocupantes
a lugares lejanos y desconocidos. Personajes hieráticos que nunca
sonríen. Aviones que no llevan a ninguna parte. Sus novias chagalescas
en busca de un novio que nunca aparece, que las deja vestidas con un dejo
de tristeza reflejada en sus rostros casi hieráticos. Nunca sonríen.
Sus personajes siempre están suspendidos en el tiempo. Personajes
que a fuerza de ser irreales no lo son tanto porque al contemplarlos imaginamos
lo que están pensando. Su muerte es solo aparente. Están
vivos porque le han robado el alma a su creador.
En otros salones del museo el visitante se queda maravillado con los manojos
de flores en una fiesta de matices y combinaciones increíbles que
encuentran en la paleta única de Morales un motivo para ofrecérselas
como un homenaje a su admiradísimo Matisse.
Ocotlán, su amado pueblo refleja a todos los pueblos de México,
siempre está presente en las obras del pintor: con los entierros
de sus difuntos, las plazas y sus kioscos con sus bandas de música
en acción. Sus calles, las iglesias con sus atrios y alamedas de
cipreses, el árbol de los cementerios en contraste con el indispensable
mercado pueblerino, fuente de vida, con sus frutas, legumbres y aromas
imborrables. De sus personajes no se le escapa ninguno. Hasta sus amados
perros callejeros aúllan y nos miran tristemente presintiendo ya
el irremediable abandono de su amo. Su hacedor Rodolfo Morales se fue
como él era: callado, discreto, triste y sin deseos de marcharse
todavía, pero resignado a su suerte como sus personajes.
Tenemos que ir a Puebla a visitar esta excelente exposición.. ¿Cuándo
la veremos en la ciudad de México?
Tu barro suena a plata, y en tu puño,/Su sonora
miseria es alcancía:
Y por las madrugadas del terruño,/En calles como espejos, se vacía
El santo olor de la panadería.
“Suave Patria” Ramón López Velarde.
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