Puebla

 

Por: Arquitecto Juan Urquiaga

Virgen de La Soledad (Puebla). Foto: Raúl Gil ©

 

a espléndida serie de fotografías que aquí se muestran de la cúpulas de las iglesias de Puebla, ilustran elocuentemente la obra de aquellos alarifes que en el Virreinato fueron capaces de edificarlas, logrando así una de las concepciones arquitectónicas más auténticamente mexicanas de su época.
La arquitectura poblana se caracteriza principalmente por el uso del azulejo y del estuco. La cerámica llamada también Talavera poblana, que hoy día ha ganado el certificado nacional de origen, cubre en su totalidad las superficies de fachadas y cúpulas cual si fuera el plumaje multicolor de un pájaro, contrastado con los encalados blancos de los estucos y el rojo del ladrillo, pero respetando siempre y sin desvirtuar la pureza geométrica de su arquitectura.
Los colores predominantes de la antigua arquitectura poblana son el rojo, el blanco y el gris que contrasta con los azules, verdes y amarillos de los azulejos. Las luces y sombras matizadas por el color de la azulejería producen en la arquitectura poblana ese sentimiento de lejanía sin término y sin fin, que es el barroco y que en el siglo XVIII alcanzaría su más alta expresión en la arquitectura del Virreinato de la Nueva España.
El azulejo que es típico de la arquitectura de Puebla, recubre absolutamente todos los elementos arquitectónicos de los edificios: Columnas, entablamentos, cornisas y remates adquieren un brillo y un color que es ajeno a otras arquitecturas y le dan a la poblana esa originalidad que la distingue y que habla también del lujo que caracterizó a la arquitectura barroca del siglo XVIII.
Hay que recordar que en la Puebla de esa época, existían las afamadas fábricas de losa que producían lebrillos, multitud de enseres domésticos y los azulejos típicos de la región que serían piel y recubrimiento de los edificios que se construían.
Es importante también señalar que las cúpulas en la arquitectura del Virreinato no siguen los moldes de plata circular y tambor tan usado en la arquitectura italiana, sino que son de planta poligonal ya sea octagonal ó hexagonal que recuerdan las cúpulas del gótico tardío español, cuyos antecedentes habría que buscarlos en las cúpulas califales cordobesas.
Hay que destacar también el supremo valor que en la arquitectura poblana adquiere la silueta, que se recorta contra el azul del cielo acentuada por las sobre-decoraciones de los recubrimientos y el blanco de los encalados.
La cúpula adquiere aquí una jerarquía y un predominio sobre el conjunto arquitectónico ausente en otras arquitecturas y las decoraciones policromas quedan siempre enmarcadas realzando y acentuando los diversos elementos arquitectónicos, enriquecidos por los entrelazos geométricos de las yeserías. Las cúpulas que aquí se ilustran formando parte de una arquitectura que con un gran señorío y originalidad caracterizo a la arquitectura mexicana de la región.

 

 

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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