Hacienda Munive

La luna de Munive esta bien chula con amor para los Chapital, Alejandro Colunga

Por: Andrea del Corral Fotos: Pedro Barrera

El famoso corredor con las obras de Alejandro Colunga: La Luna y La Bailarina, os patios dedicados al arte con obras Sebastián y otros artistas.

 

steban hace sus ejercicios matinales enfrente de una obra que cambia cada semana. Amorosos del arte, respetuosos de los artistas, Lidia y Esteban Chapital se rodearon de arte y convirtieron su hacienda de pájaros en una “fondation Maeght” un remanso de serenidad, de generosidad para las obras que comulgan con la atmósfera alegre que reina aquí. Desde la entrada un Sebastián gigantesco nos da la bienvenida. El tono esta dado. Pasando la entrada, un primer patio de verdura con una fuente colonial distribuye los salones, las recámaras, el estudio de Lidia, el comedor famosísimo con su armario gigantesco “fabricación Esteban”... Si, podemos regresar con un pedazo de Chapital y comprar unos de sus muebles espléndidos, muebles de madera clara con un delicado toque que le invita a acariciarlos porque son muebles vivos. La gentileza de los Chapital es total y a puertas abiertas. Las obras se desarrollan en el segundo patio con los Sebastián, los Soriano... y un poco de land art con una instalación de su dueño, de bolas de coral blanco que un día servían de fundación y aislador térmico para casas, y que ahora, juntas en un aparente desorden, se convierten en el hogar de las lagartijas negras. Animal y mineral, el reino de los Esteban con la colección magnifica de Colunga, la tapicería de la bailarina coneja, el elefante amenazador, el gallo de Juan Soriano, el pato, la paloma del mismo autor, pero también, Vicente Rojo, Manuel Felguérez, Miguel Castro Leñero, Francisco Toledo... Lydia pone su toque mágico en cada esquina, bugambilias en la fuente, orquídeas en el comedor, cada sala tiene sus flores. Ella no puede vivir sin un arreglo discreto y perfumado en las salas que atraviesa.
Esteban piensa en todo y en la tercera dimensión también, como si los ángeles de Puebla merecieran una vista especial desde el cielo. Sus jardines, sus bodegas, los techos típicos son una invitación a nuestros ángeles guardianes. Es por eso que hay paz y serenidad en el lugar. La luna protectora, las amistades fuertes de nuestros anfitriones con el mundo del arte, todo nos hace entrar en el mundo maravilloso de los Chapital.

 

 

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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