a
pasión de un coleccionista surge desde la infancia, lo que le importa
es el descubrimiento de la pieza, su historia revelada, su justificación
en la colección acumulada durante los últimos 30 años.
Cuadros, muebles, retablos, se mezclan con el gusto francés que
siempre se transparenta en Puebla. Quizás una tía amiga
de artistas la escuela de Pont-Aven como Maurice Denis, subconscientemente
dejó este perfume distinto que se mezcla muy bien con otras influencias,
como un retrato de la familia real inglesa del siglo XVIII. La casa, en
el centro histórico de Puebla, se distribuye alrededor de un patio
estrecho. Entramos en la sala larga llena de muebles del Siglo XVIII y
de colecciones de cristales, tapetes persas, antes de pasar a un comedor
formal con su colección de vajilla puesta en las paredes a la manera
alemana. Dos cuadros sublimes de arcángeles del Siglo XVII, espían
a los comensales. Más escondido esta el “cabinet d'amateur”
en donde las adquisiciones frenéticas se juntan como un desafió
del Siglo XIX. Las pinturas no dejan espacio en la pared, ni tampoco una
ventana, para que el ojo se dedique solamente a la colección de
cuadros que va de José Márquez Figueroa a un primitivo anónimo
del Siglo XVII. Influencia flamenca, inglesa, hispánica, en la
memoria pictórica de nuestro coleccionista. Se interesa en el momento
crucial, cuando los viajes intercambian el estilo pictórico. Se
puede notar en la obra maestra del primer piso, en la otra sala donde
un retablo del italiano del norte del Siglo XVII nos ofrece la historia
conmovedora del viaje sagrado de los artistas de un País a otro
y del aficionado que un día atravesó el atlántico
con este tesoro.
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