iego
Solórzano no perdió tiempo en montar su elegante yegua retinta
de cuatro años. ¡Botas del mejor zapatero argentino, pulidas
como un coche de colección, rodilleras de cuero, el mazo en la
mano derecha y la fusta en la izquierda y “hop” de un salto
en la silla de Afrodita!
Le encanta a la yegua el juego nervioso del polo. Elegante, fina y poderosa,
brava, sin dudas cambia de pie, gira, para, gira de nuevo para lanzarse
tras la pelota con todo el poder de sus músculos. No hay falla
de comunicación entre ella y Diego. Diego la compró al Hipódromo,
el lugar ideal para comprar caballos de calidad durante las selecciones.
¡Diego pertenece a una familia de polistas muy aficionados y probablemente
montó a caballo antes de caminar! Con su número 3 (el organizador),
Diego vuela a través del campo de polo, coordinando la estrategia
posible del equipo. “El Príncipe Carlos de Inglaterra es
número 4, Juega como defensa” me explicó Diego que,
como dueño respetuoso de caballos tiene mucha paciencia, y trató
de explicarme el juego:
“El equipo es de cuatro personas y cambiamos de caballo cada siete
minutos, porque somos muy exigentes con las monturas. (...) Nuestro equipo
va a muchos torneos cuando el trabajo lo permite. Paso todas las vacaciones
jugando, aquí en Tecamac, en Careyes para la copa en la Navidad
y en la Pascua.” (...) “Claro que vamos a prepararnos para
el Mundial de Noviembre 2007. Farouk Yunes el presidente de la Federación
Internacional de Polo vino a México para verificar las instalaciones
mexicanas. La organización de los juegos no está totalmente
decidida. Tenemos casi año y medio para finalizar todo. Pero, lo
seguro es que México va a tener un equipo y quizás...”
Nuestro seleccionador Carlos Gracida nos observa a todos nosotros para
incluir a los mejores.”
El último podium del equipo Mexicano fue en Suiza hace diez años.
El entusiasmo de Diego es total. Viene a montar cada vez que es posible
en el campo de Tecamac, donde están sus caballos. Los 25 socios
tienen casas escondidas por el enorme parque de Tecamac, parque plantado
de árboles ya casi centenarios. Así, los socios pueden disfrutar
de los caballos todo el fin de semana sin regresar a la ciudad.
“No Diego, no me propongas montar, por favor... No!” Nuestro
caballero nos dejó a Afrodita y desapareció para cambiarse.
“¿Que hago?” ... ¡Ouf! su mozo de cuadra vino
a rescatarnos, y Diego con una divertida sonrisa, reapareció con
su traje de asesor de arte. Desafortunadamente, todos nosotros necesitamos
trabajar!
|