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Christophe Berhault cada animal entraña a un hombre. “Me
encantan los animales porque están fuera de la moral (…)
Estoy fascinado por los animales salvajes. Atravesando el estado de Wyoming,
he visto en el lado de la carretera algunos venados, mapaches y otros
habitantes del vida salvaje americana, muertos por coches inconscientes.
Les he fotografiado y pinté varios cuadros. Pinto muchos animales
muertos, cráneos o esqueletos. Para mi, están vivos por
el solo hecho del movimiento de la pintura.”
Para el artista, los insectos están cerca del elemento vegetal,
flores u hojas. El los pinta en serie. “Un verano en Normandía
vi insectos flotando en la superficie de la alberca. Fueron pretextos
maravillosos para múltiples juegos de materias y colores. Es a
través del color que intento dar una impresión de vida.”
Este ínfimo evento que es la muerte de un insecto es pintado de
una sola vez: Cada acuarela es la huella de un instante. La repetición
borra el pensamiento; Todo pasa entre el brazo y el pincel. “Para
cada insecto, parto de una mancha de agua aplicada sobre un papel ligero,
que alabea. Dejo un pequeño toque de color que se difunde en el
agua según su voluntad. Solamente regreso con un trazo más
realista para dibujar una pata, un ala, una antena. Entendí que
los accidentes que he tenido cuando trabajaba verticalmente con el óleo,
podrían ser benéficos con la acuarela”.
Las grandes acuarelas de pájaros se acercan más a su trabajo
de óleo, con drippings, escurrajas, pinceladas, rayas que dan a
la obra su fulgor.
La fuerza del trabajo de Christophe Berhault a menudo conjuga humor y
soltura. Él ha preservado un ojo de niño. Con sus fragilidades
y sus jerarquía íntimas, sus secretos y sus maravillas.
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