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animales han representado siempre desde los valores más elevados
hasta las conductas más bajas, anhelo y temor… espejos del
hombre. Dentro de la iconografía del retrato mexicano, los lienzos
son poblados de estos personajes secundarios, quienes muchas veces se
convierten en los verdaderos protagonistas y es que estos animales domésticos,
más que mascotas, son considerados integrantes de la propia familia,
creando así relaciones que van desde el simple cariño hasta
el amor más profundo.
Estos ejemplos del retrato decimonónico mexicano, nos trasladan
a lo más hondo de la provincia, especialmente de las escuelas jalisciense
y veracruzana, donde los grandes cambios del espíritu independentista,
dieron paso a una sociedad que en ese momento se descubría y buscaba
plasmarse en sus pinacotecas familiares, más que lograr con esto
un status anhelaba reflejar sus principios y la psicología del
personaje.
Artistas locales -en su gran mayoría desconocidos- pintaban por
encargo, especialmente a los niños, quienes simbolizan la continuidad
de la tradición y el futuro, ellos nos transportan al mundo de
la inocencia, donde queda implícito el don de la pureza.
Ahí aparecen retratados junto con sus mascotas, transmitiendo a
la vez valores tan básicos como: Perro – Fidelidad, Paloma
– Paz, Caballo – Nobleza, Borrego – Pureza, Perico –
Aprendizaje, Mariposa - La belleza y lo efímero.
Es tal el grado de inocencia, que no se sabe si es, el dócil animal,
el dulce niño o el ingenuo pintor, quien nos esta mirando.
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