Nuestro espejo animal

 

Por: Daniel Liebsohn Foto: Pedro Barrera

 
Jacobo Gálvez, Retrato de la niña Emilia y Beltrán Puga, 1851. Óleo sobre tela. Medidas 109.5 x 89.5 cm. Colección Daniel Liebsohn.

os animales han representado siempre desde los valores más elevados hasta las conductas más bajas, anhelo y temor… espejos del hombre. Dentro de la iconografía del retrato mexicano, los lienzos son poblados de estos personajes secundarios, quienes muchas veces se convierten en los verdaderos protagonistas y es que estos animales domésticos, más que mascotas, son considerados integrantes de la propia familia, creando así relaciones que van desde el simple cariño hasta el amor más profundo.
Estos ejemplos del retrato decimonónico mexicano, nos trasladan a lo más hondo de la provincia, especialmente de las escuelas jalisciense y veracruzana, donde los grandes cambios del espíritu independentista, dieron paso a una sociedad que en ese momento se descubría y buscaba plasmarse en sus pinacotecas familiares, más que lograr con esto un status anhelaba reflejar sus principios y la psicología del personaje.
Artistas locales -en su gran mayoría desconocidos- pintaban por encargo, especialmente a los niños, quienes simbolizan la continuidad de la tradición y el futuro, ellos nos transportan al mundo de la inocencia, donde queda implícito el don de la pureza.
Ahí aparecen retratados junto con sus mascotas, transmitiendo a la vez valores tan básicos como: Perro – Fidelidad, Paloma – Paz, Caballo – Nobleza, Borrego – Pureza, Perico – Aprendizaje, Mariposa - La belleza y lo efímero.
Es tal el grado de inocencia, que no se sabe si es, el dócil animal, el dulce niño o el ingenuo pintor, quien nos esta mirando.


 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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