Thierry poncelet

Aristoperros

Por: Alexandra de Melicourt

 

 

abía una vez un pintor aburrido de restaurar una pintura de una antepasada bien fea. Al finalizar el día, miraba por la ventana y de una vez repintó la cara de la aristócrata con la de una perra exquisita y muy femenina. Así empezó la carrera de Thierry Poncelet, pintor Belga con fama de Nueva York a Milán, retocando cuadros para darles una segunda vida, vida de perro, vida de dueño. El juego es infinito porque lo que le encanta mas es la psicología: Thierry Poncelet se ríe cariñosamente de las posturas, de las carreras, de los ambientes, de los pintores mismos con sus famosos cuadros. Los perros no son dioses imponentes como en Egipto, son figuras accesibles con sus travesuras humanas, pero siempre embajadores del Chic.
La adecuación entre el cuerpo y la cara de perro nos da este desfase tan divertido. Después de su trabajo de restauración de un retrato comprado en un mercado de pulga, la magia viene cuando empieza la metamorfosis de la cara y que pincelada a pincelada desaparece el antepasado y aparece el perro. Muchos pintores utilizaron la relación entre un dueño y su perro, Goya hizo retratos de mujeres con sus perros y antes Carlos V primer retrato de Titien fue con su perro como lo pidio el emperador. Thierry Poncelet pertenece a la línea de los pintores que quería mezclar los dos para nuestra felicidad. Cada artista utilizando esta estratagema nos muestra una crítica de la sociedad, Hyeronimus Bosch con los animales fantásticos, Teniers con los monos… La sátira que nos propone Thierry Poncelet es de una justeza total pero siempre delicada y ligera.

 

 

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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