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Hirst nos propone una frase espejo, un exposición que va atrás
de las palabras y de la representación. No es una coincidencia
si el eligió México para un tema tan universal tan íntimo,
tan potente. Nuestro país le impactó desde la primera vez
que estuvo aquí, hace siete años, un país que va
a lo esencial, que da colores brutos, luz abierta en la alquimia de un
ser humano.
Si hay muerte, hay investigación, y Damien Hirst es el único
testigo. Todo empezó en los años 1490 cuando, Hieronymus
Bosch, pintó “La Nef des Fous” un barco donde embarcaban
a fuerza a los locos de un pueblo, sin tener el derecho de desembarcar
jamás... Una pintura espejo donde Bosch demuestra que los locos
son los que han instituido esa regla. ¿Y además, a partir
de que punto alguien puede ser considerado loco? Nuestros puntos de referencia
están enredados en frente de la Nef des Fous. Hay locos, hay enfermos,
hay gente normal que son locos, locos que se comportan como gente normal
cometiendo todos los pecados mortales ... una infinidad de posibilidades.
En 1728, Chardin hizo un naturaleza muerta, “La Raya” donde
una raya yace descuartizada sobre una mesa de cocina en donde reposan
otros pescados, frutas, utensilios, incluyendo el cuchillo del sacrificio.
El cuadro está revuelto por un gato amenazante; Estamos en el siglo
de las luces, Dios existe, pero la raya está sacrificada por el
pintor. Su sufrimiento es casi estético (Diderot y Proust se han
extasiado por la carne sanguinolenta de la raya). Otra pintura espejo,
la reconciliación con el cristianismo pasa por la desacralización
de la pasión. En su tiempo, Rembrandt no dudó en pintar
“Le boeuf écorché” una pintura insoportable,
quizás un estudio de la carne, de la humanidad de un cuerpo sacrificado.
Hoy en la Galería de Hilario Galguera, Damien Hirst nos propulsa
dentro de la brutalidad de nuestro pensamiento sin darnos ninguna escapatoria:
el hombre es mortal (el reloj del cuadro es inevitable), mató al
Cristo de una manera insostenible, y para que la muerte sea total, el
artista encarcela al Santo Espíritu. Aquí estamos mas allá
de un sacrificio estético, de una visión Deísta.
Es una cuestión de vida o Muerte. ¿Si Dios no puede morir,
de quien se trata? La obra espejo de Damian Hirst nos ofrece una infinidad
de respuestas posibles, porque el asunto es íntimo y universal.
La obra nos molesta porque llama la atención del instinto primario
y ya no de la conciencia humana.
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