Cicero bazaar

…un viaje por todos los mercados del mundo…

Por: Por Albert Cohen Foto: Edgardo Contreras Flores

 

 

o soy un apasionado de las antigüedades, me encanta ir los domingos a la Lagunilla, solo para ver “que me encuentro” siempre que salgo de viaje –no importa el lugar- hago una parada forzosa a los mercados, ya sea el de Las Pulgas de París, El Portobello de Londres o el Flea Market que montan los fines de semana en las calles de Nueva York.
Es por esto que haciendo caso omiso del caos que significa hoy en día circular por la zona rosa, para mi es un must visitar La plaza del Ángel, sobre todo los sábados que es cuando se ponen los chachareros, la verdad es que caminar por ese espacio tiene un encanto muy especial –sobre todo porque se siente que estás en otro mundo.
Esta vez –a diferencia de otras– tenia una cita para conocer un nuevo lugar, por lo que me dirigí directo a el, sin ni siquiera detenerme a ver nada, esto es hasta que un aparador atrapo mi atención por completo, inmediatamente descubrí que este aparador forma parte de este nuevo lugar: El Cícero Bazaar.
A un lado del aparador me topo con la entrada, que es en verdad espectacular
-Esta puerta la compramos en Chicago, hace años, estaba puesta en el primer lugar que abrimos- Me comenta Estela Moctezuma.
Y es que hablar de los lugares que esta mujer ha abierto es hablar de los espacios más impresionantes – y divertidos- en la historia del México contemporáneo: La casa Morada, El Cícero, La Dancetería, Las Veladoras, El Dan Zoo, El Candelero, El Odeón, El Cícero Centenario, Salamanca 85 y muchos otros más –que ya no me toco conocer.
De antemano sabemos que lo que esta adentro de esa puerta es algo que nos va a sorprender –y mucho- quizás y esto sea lo único predecible, ya que una vez que abres la puerta, nunca sabes lo que te vas a encontrar.
¿Lo primero?
La tienda y la barra de los sapos, en la tienda, puedes encontrarte todo tipo de antigüedades, las cabezas de los luchadores, son en definitiva mis favoritas, el lugar esta rodeado por mesas y lo mismo sirve para tomarse una copa –o dos- que para esperar una mesa en el comedor, al subir las escaleras llegas al Billiard’s Club y entre una colección de retratos, una cabeza de rinoceronte y otra de un oso Puedes echarte de lo más relax un juego –o dos- mientras que en la otra pared esta la cava protegida por un ojo de buey.
Estos espejos – Me comenta Daniel Liebsohn, diseñador, anticuario y ahora restaurantero -son geniales, distorsionan la realidad y se supone que capturan toda la negatividad, dicen que sirven para ahuyentar a los demonios ya que si un demonio se ve reflejado en el se espanta y se va.
Sigues subiendo para encontrarte con La cava de los tíos, que son un conjunto de salas, ahí nos tomamos un tequilita y Estela pide que le pongan música para ambientarnos –Aquí vamos a tocar de todo, se nos antoja una banda de jazz, pero también vamos a tener un dj que ponga música maravillosa- nos comenta.
Seguimos con el recorrido, hasta llegar al patio que esta enmarcado por varias veladoras –300 para ser exactos- ahí están sentados dos poor boys que vienen a ser dos niños negros –o mejor dicho de color- estos fueron hechos en Austria y la verdad nada más de verlos caen bien.
Al fondo están dos barras gemelas con tinas llenas de cervezas. Estas dos barras son boticas- nos comenta Daniel.
Pero en lugar de remedios nosotros ofrecemos cervezas? Responde Estela.
Estar con estos dos en acción es toda una aventura y es que durante todo el recorrido se emocionan de todo, cada espacio, cada pieza, todo tiene un significado muy especial para los dos.
Daniel: Estos afiches son originales… ¡de colección!
Estela: y bueno, ¿que me dices de las fotos de los gánsters del Oyster bar? Si te contáramos de donde los trajimos.
Daniel: A mi me encanta el tarjetero, y es que ese ha estado en todos sus lugares, se puede decir que lo hemos reciclado varias veces, es de hierro colado del siglo XIX y los barmans dicen que les trae buena suerte.
Estela: ¿Y qué me dices de la cocina… no esta para morirte?
Seguimos caminando y efectivamente la cocina es para morirte sobre todo por los dos enormes candiles y los afiches originales, que de ahí cuelgan, mientras que en el salón comedor la mesa ya esta puesta y entre las esculturas clásicas de estuco y los mascarones de terracota empezamos a degustar una gran variedad de platillos elaborados por tres chefs de tres distintas nacionalidades, un francés, un rumano y por supuesto un mexicano, la sopa de cebolla, las costillitas thai, la caviartera, los pescaditos del muelle, el pot de mejillones, la orden de papas belgas… !todo es una maravilla!
Para tomar café y el postre nos cambiamos de ubicación a la biblioteca, ahí entre sillones victorianos ingleses del siglo XIX, una colección de libros españoles de 1900 encuadernados en piel y un maravilloso vitral intercambiamos todo tipo de opiniones
-¿De todos los lugares cual es el que más te gusta?- Me preguntan.
Miro a mi alrededor y la verdad es que no sé que contestarles y es que cada uno tiene su encanto y aunque son atmósferas completamente distintas, todas combinan entre si.
Me aventuro en responder que el Oyster Bar, me encantan los maniquíes de los bañistas antiguos, las fotos de los gánsters, el fotomural…
Estela: Con este lugar queremos hacer un homenaje a todos los mercados del mundo, es por esto que lo llamamos Bazaar
Daniel: De alguna manera teníamos que explotar la ubicación y bueno nuestra pasión por las antigüedades.
…Y vaya que lo lograron.

 

 

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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