o
soy un apasionado de las antigüedades, me encanta ir los domingos
a la Lagunilla, solo para ver “que me encuentro” siempre que
salgo de viaje –no importa el lugar- hago una parada forzosa a los
mercados, ya sea el de Las Pulgas de París, El Portobello de Londres
o el Flea Market que montan los fines de semana en las calles de Nueva
York.
Es por esto que haciendo caso omiso del caos que significa hoy en día
circular por la zona rosa, para mi es un must visitar La plaza del Ángel,
sobre todo los sábados que es cuando se ponen los chachareros,
la verdad es que caminar por ese espacio tiene un encanto muy especial
–sobre todo porque se siente que estás en otro mundo.
Esta vez –a diferencia de otras– tenia una cita para conocer
un nuevo lugar, por lo que me dirigí directo a el, sin ni siquiera
detenerme a ver nada, esto es hasta que un aparador atrapo mi atención
por completo, inmediatamente descubrí que este aparador forma parte
de este nuevo lugar: El Cícero Bazaar.
A un lado del aparador me topo con la entrada, que es en verdad espectacular
-Esta puerta la compramos en Chicago, hace años, estaba puesta
en el primer lugar que abrimos- Me comenta Estela Moctezuma.
Y es que hablar de los lugares que esta mujer ha abierto es hablar de
los espacios más impresionantes – y divertidos- en la historia
del México contemporáneo: La casa Morada, El Cícero,
La Dancetería, Las Veladoras, El Dan Zoo, El Candelero, El Odeón,
El Cícero Centenario, Salamanca 85 y muchos otros más –que
ya no me toco conocer.
De antemano sabemos que lo que esta adentro de esa puerta es algo que
nos va a sorprender –y mucho- quizás y esto sea lo único
predecible, ya que una vez que abres la puerta, nunca sabes lo que te
vas a encontrar.
¿Lo primero?
La tienda y la barra de los sapos, en la tienda, puedes encontrarte todo
tipo de antigüedades, las cabezas de los luchadores, son en definitiva
mis favoritas, el lugar esta rodeado por mesas y lo mismo sirve para tomarse
una copa –o dos- que para esperar una mesa en el comedor, al subir
las escaleras llegas al Billiard’s Club y entre una colección
de retratos, una cabeza de rinoceronte y otra de un oso Puedes echarte
de lo más relax un juego –o dos- mientras que en la otra
pared esta la cava protegida por un ojo de buey.
Estos espejos – Me comenta Daniel Liebsohn, diseñador, anticuario
y ahora restaurantero -son geniales, distorsionan la realidad y se supone
que capturan toda la negatividad, dicen que sirven para ahuyentar a los
demonios ya que si un demonio se ve reflejado en el se espanta y se va.
Sigues subiendo para encontrarte con La cava de los tíos, que son
un conjunto de salas, ahí nos tomamos un tequilita y Estela pide
que le pongan música para ambientarnos –Aquí vamos
a tocar de todo, se nos antoja una banda de jazz, pero también
vamos a tener un dj que ponga música maravillosa- nos comenta.
Seguimos con el recorrido, hasta llegar al patio que esta enmarcado por
varias veladoras –300 para ser exactos- ahí están
sentados dos poor boys que vienen a ser dos niños negros –o
mejor dicho de color- estos fueron hechos en Austria y la verdad nada
más de verlos caen bien.
Al fondo están dos barras gemelas con tinas llenas de cervezas.
Estas dos barras son boticas- nos comenta Daniel.
Pero en lugar de remedios nosotros ofrecemos cervezas? Responde Estela.
Estar con estos dos en acción es toda una aventura y es que durante
todo el recorrido se emocionan de todo, cada espacio, cada pieza, todo
tiene un significado muy especial para los dos.
Daniel: Estos afiches son originales… ¡de colección!
Estela: y bueno, ¿que me dices de las fotos de los gánsters
del Oyster bar? Si te contáramos de donde los trajimos.
Daniel: A mi me encanta el tarjetero, y es que ese ha estado en todos
sus lugares, se puede decir que lo hemos reciclado varias veces, es de
hierro colado del siglo XIX y los barmans dicen que les trae buena suerte.
Estela: ¿Y qué me dices de la cocina… no esta para
morirte?
Seguimos caminando y efectivamente la cocina es para morirte sobre todo
por los dos enormes candiles y los afiches originales, que de ahí
cuelgan, mientras que en el salón comedor la mesa ya esta puesta
y entre las esculturas clásicas de estuco y los mascarones de terracota
empezamos a degustar una gran variedad de platillos elaborados por tres
chefs de tres distintas nacionalidades, un francés, un rumano y
por supuesto un mexicano, la sopa de cebolla, las costillitas thai, la
caviartera, los pescaditos del muelle, el pot de mejillones, la orden
de papas belgas… !todo es una maravilla!
Para tomar café y el postre nos cambiamos de ubicación a
la biblioteca, ahí entre sillones victorianos ingleses del siglo
XIX, una colección de libros españoles de 1900 encuadernados
en piel y un maravilloso vitral intercambiamos todo tipo de opiniones
-¿De todos los lugares cual es el que más te gusta?- Me
preguntan.
Miro a mi alrededor y la verdad es que no sé que contestarles y
es que cada uno tiene su encanto y aunque son atmósferas completamente
distintas, todas combinan entre si.
Me aventuro en responder que el Oyster Bar, me encantan los maniquíes
de los bañistas antiguos, las fotos de los gánsters, el
fotomural…
Estela: Con este lugar queremos hacer un homenaje a todos los mercados
del mundo, es por esto que lo llamamos Bazaar
Daniel: De alguna manera teníamos que explotar la ubicación
y bueno nuestra pasión por las antigüedades.
…Y vaya que lo lograron.
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