EL JULI

Amor y pasión por la “fiesta brava”

Por Carlos Landeros Foto: Agencia EFE

 

 

an pasado algunos años desde que vi torear por primera vez a un niño, casi adolescente llamado Julián López, apodado “El Juli” quién ya desde entonces asombraba a las multitudes con su arrojo, valor y arte. ¡Que manera de arrimarse al toro y de electrizar a los aficionados con su manera de colocar las banderillas! Las mamas y sus hijas y todo el público, le lanzaban a la arena, en sus tardes de triunfo, que casi siempre eran todas, desde claveles reventones hasta prendas de vestir. Han pasado los años y ahora Julián ya es todo un hombre y se ha convertido en una de las figuras cimeras de la fiesta brava junto con Enrique Ponce el actual Número Uno del toreo, como en su tiempo lo fueran Juan Belmonte o Manolete, Antonio Ordóñez, cuya rivalidad con Luis Miguel Dominguín, su cuñado, fue de época y qué decir del Maestro de Camas, Paco Camino, del bien torear de Manzanares o de “El Niño de la Capea”, por mencionar algunos diestros españoles. Y qué decir de las enormes figuras del toreo mexicanas que dieron la pelea en las grandes tardes de las plazas mexicanas y españolas como don Rodolfo Gaona, el Maestro Armilla, “El Ciclón” Carlos Arruza, o el llamado “Tormento de las mujeres” según el inolvidable maestro Agustín Lara, Silverio Pérez a quién le compuso su ya clásico paso doble, o del “Ave de las Tempestades” Lorenzo Garza y de Manolo Martínez y actualmente, Eulalio López “El Zotoluco”, cuyo valor y temple son de antología.


La pasión y el amor que siente “El Juli” por la fiesta de los toros es única, quizá solamente equiparable al amor filial que profesa a sus padres y en otros terrenos, tal vez por una que otra “manola” , porque según confiesa, en esta etapa de su vida, su pasión más grande es: “Torear, torear y seguir toreando”, hasta realizar su mayor ilusión, que es la de llegar a ser el Número Uno, exponiéndose tarde con tarde no solamente contra la bestia y al llamado monstruo de los mil ojos: el público, que es el que da y quita, el que exige cada vez más, el que acecha al diestro a cada instante, en cada pase, en cada movimiento, esperando el triunfo o quizá la muerte del torero. También existe otro ingrediente dentro de la fiesta que es muy importante mencionar: la rivalidad que el pundonor y el orgullo hace nacer entre los alternantes, que es la que hace encastarse a los toreros grandes, a los toreros de época, como es el caso de “El Juli” que en cada tarde sale a jugársela, porque sabe muy bien que el arte del bien torear no acepta ni a los pusilánimes ni a los mediocres. La rivalidad entre algunas de las figuras del toreo siempre ha existido; sin ella y sin toros con trapío y bravura y sin toreros con clase torera, valor y hombría, es decir, sin peligro y sin arte en la arena, la fiesta de los toros moriría. Por esto toreros como “El Juli” no surgen todos los días. Es un torero que hay que cuidar, al que hay que seguir muy de cerca su evolución como figura del toreo. ¿Logrará realizar su sueño de desplazar de su sitio a Enrique Ponce? La respuesta solamente el tiempo nos la dirá. Dependerá en gran medida del desarrollo de su aún joven y a la vez maduro arte torero. Él sabe muy bien que para triunfar en cualquier profesión y especialmente en la del toreo, la disciplina y la condición física son indispensables, porque el éxito es muy celoso, EXIJE todo su tiempo y dedicación, para que una vez alcanzado poder continuar con él. Julián es conciente también de que el TRIUNFO y todo lo demás que conlleva, es decir el dinero y el amor, casi siempre vienen juntos. No debemos olvidar que el triunfo en cualquier terreno, hasta en el político, es para muchas personas un poderosísimo afrodisíaco

Larga vida torera a Julián López, “El Juli”

 

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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