Cada noche, mirando la fabulosa Bahía de Nápoles
mi papá saludaba a la luna diciendo:

“Buona Sera Signora Luna!”

Por Lucrezia d’Aquara Spinelli

 
Reloj de pulsera Reine de Naples. Oro blanco de 18 quilates. Canto, bisel y asa “bola” engastado con 139 diamantes, aproximadamente 1.32 quilates.

eine de Naples, este reloj de Breguet me transporta de nuevo al universo tan maravilloso de Nápoles. Nápoles es una cuidad eterna. Se mide con las fuerzas de lo más estimulante y lo más fértil para la imaginación: El Vesuvio. Del Vesuvio surge la pasión, el sentimiento de una vida llena, y el peligro, que se disuelven en las miles y miles de estrellas en la noche en su famosa bahía. Nápoles, ciudad hermosa, nunca vencida por sus reinas extranjeras pero convencida por la belleza de sus anónimas, pasa los siglos bajo el reino de la diosa Luna. La luna se refleja en las ventanas de los palacios, calma las almas, viste las supersticiones, una amiga elegante que ha atravesado el tiempo, testigo de las fiestas maravillosas, fiestas celestes.


Breguet el contemporáneo de Caroline, reina efímera de nuestra ciudad, Breguet el proveedor de su hermano el Emperador Napoleón, seguramente pensaba en la luna cuando imaginó sus primeros relojes en el siglo XVIII. Doscientos años después sigue la omnipresencia de la luna, su femineidad, su misterio, el tiempo eterno. Las horas deslizan en su circulo de diamante, y por un tiempo podemos repetir los gestos de Caroline para dar cuerda a su nuevo reloj, misma excelencia del movimiento, movimiento Breguet, hoy como ayer, eterno.


Breguet se encuentra en Joyería Peyrelongue.



 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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