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de Naples, este reloj de Breguet me transporta de nuevo al universo tan
maravilloso de Nápoles. Nápoles es una cuidad eterna. Se
mide con las fuerzas de lo más estimulante y lo más fértil
para la imaginación: El Vesuvio. Del Vesuvio surge la pasión,
el sentimiento de una vida llena, y el peligro, que se disuelven en las
miles y miles de estrellas en la noche en su famosa bahía. Nápoles,
ciudad hermosa, nunca vencida por sus reinas extranjeras pero convencida
por la belleza de sus anónimas, pasa los siglos bajo el reino de
la diosa Luna. La luna se refleja en las ventanas de los palacios, calma
las almas, viste las supersticiones, una amiga elegante que ha atravesado
el tiempo, testigo de las fiestas maravillosas, fiestas celestes.
Breguet el contemporáneo de Caroline, reina efímera de nuestra
ciudad, Breguet el proveedor de su hermano el Emperador Napoleón,
seguramente pensaba en la luna cuando imaginó sus primeros relojes
en el siglo XVIII. Doscientos años después sigue la omnipresencia
de la luna, su femineidad, su misterio, el tiempo eterno. Las horas deslizan
en su circulo de diamante, y por un tiempo podemos repetir los gestos
de Caroline para dar cuerda a su nuevo reloj, misma excelencia del movimiento,
movimiento Breguet, hoy como ayer, eterno.
Breguet se encuentra en Joyería Peyrelongue.
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