| ónde
estás Natasha…? grité desde la ventana de mi recámara
en el segundo piso de nuestra casa en Princeton, N.J.
Estabas abajo en el jardín, desde donde podía escuchar tu
voz pero no te veía; tu voz de cuatro años se dejó
oír en una mezcla de español e inglés: Aquí
estoy salting and brinking con Carlitos.
Una noche al llegar a nuestra casa en la calle de Newlin Road, descubriste
algo, estiraste tu bracito y con un dedo señalaste un árbol,
un dogwood, que en el día se veía cubierto de flores blancas
que en la oscuridad apenas se distinguían. Me informaste que arriba
del árbol estaban Cocó y Alexina: míralas, nos estan
viendo.
Esto mismo sucedió un año antes en Francia cuando vivimos
en La Renaudiere. Allí desde la terraza, cayendo la noche, también
estiraste un brazo y señalaste con un dedo un sauce llorón
del jardín, me explicaste que arriba del árbol estaban Cocó
y Alexina. Ellas te acompañaban de un país a otro aunque
yo nunca las conocí.
En unas vacaciones en México descubriste, a tus ocho años,
la injusticia social: ¿Qué van a hacer esos niños
cuando sean grandes? dijiste al ver en la calle a madres vendiendo chicles
a quienes pasábamos en coche, mientras sus hijos, uno sentado en
el suelo tomaba un biberón y otro caminaba junto a ella mirándonos
con sus ojos enormes.
En esa misma temporada Natasha y Carlitos recogieron una perrita callejera,
que llevamos al veterinario a bañar y vacunar para después
instalarla en nuestra casa de San Jerónimo.
En todas las casas que vivimos jugábamos a las escondidas, si tardaban
en encontrarme, con voz cautelosa preguntaban ¿Donde estás
Mami? Yo les decía estoy muy cerca… Al encontrarme nos reíamos
muchísimo.
Cuando Carlos se fue hace seis años, tuve un ataque de pánico
¿Donde estás? Quiero saber si estás bien ¿Estás
contento? ¿Puedes verme desde donde estás? Mándame
un mensaje. Tardó en llegar pero me trajo su compañía.
Cuando te fuiste tú en Agosto, hace seis meses, volví a
tener un ataque de pánico… ¿Donde estás Natasha?
¿Dime donde estás?
De pronto te vi como en el cine, con un vestido blanco, pero distinto
al que tenías cuando te fuiste. Sonriendo, intensa, impetuosa,
como eres, me contestaste: Ya estoy libre.
Natasha dónde estás que te siento tan cerca… Los siento
tan cerca a los dos…
|