Recuerdo de Natasha

 

Por Silvia Lemus

 
Natasha Fuentes Lemus, Nueva York, 2002.

ónde estás Natasha…? grité desde la ventana de mi recámara en el segundo piso de nuestra casa en Princeton, N.J.


Estabas abajo en el jardín, desde donde podía escuchar tu voz pero no te veía; tu voz de cuatro años se dejó oír en una mezcla de español e inglés: Aquí estoy salting and brinking con Carlitos.


Una noche al llegar a nuestra casa en la calle de Newlin Road, descubriste algo, estiraste tu bracito y con un dedo señalaste un árbol, un dogwood, que en el día se veía cubierto de flores blancas que en la oscuridad apenas se distinguían. Me informaste que arriba del árbol estaban Cocó y Alexina: míralas, nos estan viendo.
Esto mismo sucedió un año antes en Francia cuando vivimos en La Renaudiere. Allí desde la terraza, cayendo la noche, también estiraste un brazo y señalaste con un dedo un sauce llorón del jardín, me explicaste que arriba del árbol estaban Cocó y Alexina. Ellas te acompañaban de un país a otro aunque yo nunca las conocí.
En unas vacaciones en México descubriste, a tus ocho años, la injusticia social: ¿Qué van a hacer esos niños cuando sean grandes? dijiste al ver en la calle a madres vendiendo chicles a quienes pasábamos en coche, mientras sus hijos, uno sentado en el suelo tomaba un biberón y otro caminaba junto a ella mirándonos con sus ojos enormes.


En esa misma temporada Natasha y Carlitos recogieron una perrita callejera, que llevamos al veterinario a bañar y vacunar para después instalarla en nuestra casa de San Jerónimo.


En todas las casas que vivimos jugábamos a las escondidas, si tardaban en encontrarme, con voz cautelosa preguntaban ¿Donde estás Mami? Yo les decía estoy muy cerca… Al encontrarme nos reíamos muchísimo.


Cuando Carlos se fue hace seis años, tuve un ataque de pánico ¿Donde estás? Quiero saber si estás bien ¿Estás contento? ¿Puedes verme desde donde estás? Mándame un mensaje. Tardó en llegar pero me trajo su compañía.


Cuando te fuiste tú en Agosto, hace seis meses, volví a tener un ataque de pánico… ¿Donde estás Natasha? ¿Dime donde estás?


De pronto te vi como en el cine, con un vestido blanco, pero distinto al que tenías cuando te fuiste. Sonriendo, intensa, impetuosa, como eres, me contestaste: Ya estoy libre.


Natasha dónde estás que te siento tan cerca… Los siento tan cerca a los dos…



 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

Suscripción en línea

 
Suscríbase | Contenido | Regresar al Inicio
 
Contacto
Envíenos sus Comentarios