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del tiempo, se ha ligado al corazón como el refugio donde se alberga
el alma y las pasiones… gozo y tortura sacroprofana.
México desde épocas precolombinas, ha conservado una tradición
artística ininterrumpida sobre este tema, la constante iconografía
del corazón ha tratado representaciones de amor y sacrificio.
El jade como corazón para los mexicas, era el pasaporte para no
extraviarse en el mundo de los muertos y como máximo tributo a
sus dioses se ofrendaba el corazón de sus enemigos como lo ostenta
la Cuatlicue en su collar de palmas y corazones; rápidamente el
sincretismo del virreinato, halló una referencia a este símbolo
relacionándolo con el corazón sangrante de Jesús,
quien lo ofrece para salvar a los hombres.
Han sido varias y complejas las alegorías con las que los artistas
europeos representaban el sagrado corazón de Jesús, éstas
representaciones, importadas al virreinato mexicano a través de
grabados, eran interpretadas por artistas locales que, comandadas por
encargos especiales, muchas veces para albergarse en el interior de los
conventos, realizaban dando rienda suelta a las más insólitas
interpretaciones. Estas obras tenían la finalidad dogmática
de transmitir valores morales. La serie de cuatro óleos, -de autor
desconocido- sobre el corazón del hombre, revelan un caso extraordinario,
ya que comúnmente sólo se representaba el corazón
divino; en cambio en esta serie queda plasmada, una batalla épica
donde, a través de los valores de la iglesia, el corazón
del hombre contaminado de demonios y pecados logra salir victorioso.
Esta inusual visión nos adentra al interior del mundo humano y
a su eterna lucha, la mirada envilecida del reino del mal va cediendo,
con cada triunfo de los ángeles, cerrando un ojo que se abre al
interior, hasta alcanzar la iluminación. Cada uno de los pecados
es representado por monstruos fantásticos, que descaradamente realizan
sus vicios, mientras que personajes costumbristas de la época se
aproximan para tentar, con los placeres.
Resulta de gran vigencia, el hecho de que con ojos actuales revisemos
éstas obras que repiten una y otra vez los temas que a lo largo
del siglo XX la plástica mexicana ha tratado, desde las Dos Fridas,
hasta lo mas conceptual de la vanguardia, en un complejo viaje de introspección.
Y que mejor momento para reflexionar acerca de este preciado órgano
contenedor del amor para permitirnos cerrar los ojos unos instantes y
mirar hacia adentro, que el mes de febrero.
El corazón de los hombres no es más
que el campo
de batalla sobre el que luchan Dios y el diablo.
Dimitri, en los hermanos Karamazov de Dostoiewski
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