Pasión por Daniel Liebsohn

 

Por: Pedro Barrera

 

través del tiempo, se ha ligado al corazón como el refugio donde se alberga el alma y las pasiones… gozo y tortura sacroprofana.
México desde épocas precolombinas, ha conservado una tradición artística ininterrumpida sobre este tema, la constante iconografía del corazón ha tratado representaciones de amor y sacrificio.


El jade como corazón para los mexicas, era el pasaporte para no extraviarse en el mundo de los muertos y como máximo tributo a sus dioses se ofrendaba el corazón de sus enemigos como lo ostenta la Cuatlicue en su collar de palmas y corazones; rápidamente el sincretismo del virreinato, halló una referencia a este símbolo relacionándolo con el corazón sangrante de Jesús, quien lo ofrece para salvar a los hombres.


Han sido varias y complejas las alegorías con las que los artistas europeos representaban el sagrado corazón de Jesús, éstas representaciones, importadas al virreinato mexicano a través de grabados, eran interpretadas por artistas locales que, comandadas por encargos especiales, muchas veces para albergarse en el interior de los conventos, realizaban dando rienda suelta a las más insólitas interpretaciones. Estas obras tenían la finalidad dogmática de transmitir valores morales. La serie de cuatro óleos, -de autor desconocido- sobre el corazón del hombre, revelan un caso extraordinario, ya que comúnmente sólo se representaba el corazón divino; en cambio en esta serie queda plasmada, una batalla épica donde, a través de los valores de la iglesia, el corazón del hombre contaminado de demonios y pecados logra salir victorioso.


Esta inusual visión nos adentra al interior del mundo humano y a su eterna lucha, la mirada envilecida del reino del mal va cediendo, con cada triunfo de los ángeles, cerrando un ojo que se abre al interior, hasta alcanzar la iluminación. Cada uno de los pecados es representado por monstruos fantásticos, que descaradamente realizan sus vicios, mientras que personajes costumbristas de la época se aproximan para tentar, con los placeres.


Resulta de gran vigencia, el hecho de que con ojos actuales revisemos éstas obras que repiten una y otra vez los temas que a lo largo del siglo XX la plástica mexicana ha tratado, desde las Dos Fridas, hasta lo mas conceptual de la vanguardia, en un complejo viaje de introspección.


Y que mejor momento para reflexionar acerca de este preciado órgano contenedor del amor para permitirnos cerrar los ojos unos instantes y mirar hacia adentro, que el mes de febrero.



 

El corazón de los hombres no es más que el campo

de batalla sobre el que luchan Dios y el diablo.

Dimitri, en los hermanos Karamazov de Dostoiewski

 


 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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