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una combinación de palmeras y bambúes, de damascos y terciopelos,
de verdes y de rojos, de sol y de sombras… vive mi escritora preferida.
Después de haber publicado Lotería, un compendio de cuentos
criticando mordazmente a la sociedad mexicana, y Los Inválidos,
una novela de suspenso existencial que se desarrolla en Les Invalides
en París, Claudia Marcucetti Pascoli se dedica ahora a escribir
su próximo libro en su nuevo hogar, diseñado este por ella
misma, en respuesta a sus necesidades actuales. “Cuando escribo,
tengo unos horarios extraños, me duermo temprano, me levanto de
madrugada, como constantemente, me distraigo demasiado, leo mucho, detesto
recibir invitados y de pronto me hace falta relajar el cuerpo. Requería
entonces de un espacio múltiple, acogedor y contenido, en donde
pudiera realizar todas esas actividades fácilmente.” Un monolocal
principesco es el resultado.
Claudia es arquitecta y durante varios años se dedicó al
desarrollo inmobiliario en la Ciudad de México, contribuyendo a
convertir la colonia Condesa en la agradable zona que es hoy en día.
Por estos rumbos se encuentra su espectacular penthouse que las mujeres
llaman “un amor de nido” y los hombres “un nido de amor”.
Y si hace uno parte de los pocos afortunados que visitan a Claudia, podrá
disfrutar de este sitio tan especial y de su poderosa vista a las copas
de los árboles del parque más sugestivo de la ciudad, mientras
que la anfitriona se remoja en su jacuzzi, escuchando a Edith Piaf.
Además de estar trabajando en su más reciente proyecto literario,
titulado Ellos y yo, un diario íntimo a través de su memoria
literaria, Claudia se da el tiempo de desarrollar un nuevo proyecto arquitectónico:
la restauración y la regeneración de la Troje del Molino
de Santo Domingo. Este fue el primer molino de América, sitio donde
la autora vivió muchos años y alrededor del cual gira la
trama de uno de sus siguientes libros.
Esta mujer polifacética y controvertida llegó a México
a los 13 años y a esa edad aprendió el español, idioma
en el cual ahora escribe. Ella dice no dominarlo totalmente (yo lo dudo)
pero para ella ese detalle tiene poca importancia ya que considera que
el lenguaje es tan sólo un vehículo para comunicarse. Lo
importante para poder escribir, nos comenta, es tener algo que decir,
luego un mínimo de talento y mucha, muchísima perseverancia.
O, como decía Winston Churchill: 99 % transpiración 1% inspiración.
Al preguntarle por sus orígenes contesta: “¡Que aburrido!
De una persona me interesa más a donde va que de donde viene”.
Será por eso que la original vigilancia de su casa le dicen a uno
sonriendo: “¿ya sabe a donde va, verdad?” . Pues tal
parece que la Marcucetti, así le dicen sus íntimos, sí
que lo sabe.
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