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uentan los conocedores que desde tiempos ancestrales, los capítulos
dorados del Brandy se escriben desde una pequeña región
situada al Noroeste de la Provincia de Cádiz... Jerez, cuna de
una de las bebidas de mayor renombre a nivel mundial.
En el año 1985, quedó reconocida por primera vez la Denominación
“Brandy de Jerez” y el 31 de julio de 1987 se aprobó
el Reglamento de la Denominación y su Consejo Regulador, cuya función
es desde entonces, garantizar y verificar la calidad y el cumplimiento
de las rigurosas normas de elaboración, que le dan reconocimiento
y prestigio mundial a los brandies que ampara y fomenta este Consejo.
El Reglamento de la Denominación distingue tres categorías
de Brandy de Jerez según la duración del proceso de envejecimiento
y su elaboración: Solera, Solera Reserva y Solera Gran Reserva.
Una ancestral inquietud del hombre ha sido la búsqueda de alma
en los cuerpos, el distinguir y separar las partes que constituyen un
cuerpo para entender qué es lo que lo distingue de otros. Hablando
de bebidas alcohólicas, esto es la destilación.
Brillant-Savarin pensaba que a medida que se perfecciona la destilación,
se descubre en el vino “la causa de la exaltación del sabor
que da al paladar una excitación tan particular”.
Para el Brandy de Jerez se utilizan dos tipos de aparatos de destilación:
Las alquitaras y las columnas de destilación.
Los primeros son alambiques de cobre, de forma tradicional y alimentados
con fuego directo, producido por leña de encina o vapor de carga
discontinua.
La columna de destilación se compone de alambiques modernos y eficientes
de carga continua.
El Brandy se distingue del resto de las bebidas espirituosas por ser la
única que procede del vino, de ahí sus especiales y exclusivas
características organolépticas.
Además, sólo en el Brandy podemos percibir los recuerdos
de su origen. Cuando aspiramos su aroma o cuando apreciamos su bouquet
en boca, nos remite a la región y al vino del que procede, en especial
el Brandy de Jerez, destilado de vinos limpios y de los cuales se obtienen
las aguardientes (holandas), que le han de conferir su carácter
muy particular.
Durante el añejamiento, las holandas son contenidas en Botas (Barricas)
de roble americano previamente envinadas con vinos de Jerez (finos, olorosos,
amontillados, manzanillas entre otros...). Estas Botas continuarán
robusteciendo al aguardiente con sus gustos, aromas y sabores en su viaje
de maduración hasta convertirse en el mejor Brandy... en Brandy
de Jerez.
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