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viajante comienza su aventura cuando una azafata del vuelo LAN (www.lan.com)
que lo lleva a Santiago de Chile le indica el momento mágico de
la travesía aérea al hemisferio sur. Con mirada incrédula
David descubre en el horizonte una brillante linea roja que señala
el sol naciente. Pronto llegará a su primer destino y en su mente
hace un recuento del excelente servicio y la comodidad del asiento business
class que le otorgará la aerolínea para agasajarlo. Sonríe
antes de dormir un rato evocando el sabor de la champaña y los
deliciosos platillos que degustára de la gastronomía que
LAN ofrece a sus clientes de clase ejecutiva. Las 7 horas de vuelo se
le han hecho agua a nuestro embajador quien se ha dejado llevar por la
tecnología del entretenimiento que se puso a su disposición.
En un santiamén llega a Santiago donde se une a un grupo de brasileños
y argentinos con quienes inmediatamente comienza a surgir una camaradería
hispana.
En la capital de Chile dedican un día al reconocimiento de algunos
sitios de interés cultural: la traza de la ciudad, la arquitectura
local y los sabores tradicionales de los chilenos que se hacen presentes
como el espíritu de Neruda cuya casa recorren admirados.
Al día siguiente otro avión los lleva hasta la punta del
continente : Punta Arenas en donde su encuentro con el monumento de la
vida silvestre se impone. Conviven de las costumbres lugareñas
a un tiempo que abordan un autobús que ha de llevarlos hasta el
Puerto Natales donde espera el Skorpios III. El clima comienza a calarles
los huesos cuando ascienden a la embarcación cuyo aforo alcanza
una centena de pasajeros situados cómodamente en habitaciones independientes
decoradas con sencillez y confort. Finalmente la verdadera travesía
da comienzo y el navío zarpa cortando el agua con elegancia sumida
en el silencio de aquella región austral.
Ante la inmensidad David reflexiona sobre la historia de los Skorpios.
El motor del barco acompaña su pensamiento hasta una época
cuando el actual dueño no tenía nada más que su imaginación
y su trabajo. Su primer barco de carga le vale un reconocimiento que más
adelante le ayuda a comprar poco a poco una grandiosa flota. En algún
punto la maravillosa beldad de la natura lo atrapa y decide crear un barco
turístico para compartir sus tesoros inmateriales con la humanidad.
Así; a partir de 1978 el Skorpios construido en madera local realizado
en Chile comienza a rendir su servicio a los turistas del mundo. El Skorpios
III nacido en 1995 y construido en metal reflejando el éxito de
su dueño, va bordeando Chile que luce paisajes de innegable hermosura.
Al caer la noche el viajante se prepara en su habitación para dormir
pero la excitación de ir accediendo a lugares más recónditos
es apenas dominada por el silencio y el movimiento del barco. Esa mañana
como todas las siguientes la voz de un miembro de la tripulación
penetra cada cuarto encomiando a sus huéspedes para que despierten
pues la exploración da inicio. Divididos en grupos abordan todos
una lancha que se acerca a los fiordos y a los poderosos glaciales.
Tras contemplar durante horas los tonos azules del hielo, la lancha apaga
el sonido de su motor para permitir a los viajantes escuchar la armonía
de la madre naturaleza cuando el pentagrama del silencio se va musicalizando
con el tronido que anuncia la caída de un glaciar remarcando los
tonos del agua cuando el hielo se hunde en el océano que provoca
un oleaje que rompe con la paz de todo alrededor. El grupo brinda, con
hielo milenaria y un whisky de apenas 20 años con alegría
en honor al equilibrio que hay en cada visita.
David responde cuando le preguntan que sintió: ¡He escuchado
la voz del silencio!
El recorrido que realizan desde la Patagonia haciendo escalas en diversos
glaciales y fiordos como el Pío Xi, el Amalia, fiordos y hasta
una ciudad en la región más austral del mundo. El paisaje
domina cada instante de la respiración de David quien asombrado
encuentra algunas respuestas que le hacen feliz y encantado disfruta cada
instante de la travesía hasta que el barco llega de nuevo a Puerto
Natales, de ahí al espacioso y minimalista aeropuerto de Punta
Arenas y finalmente un ave de acero lo va acercando irremediablemente
hasta la Ciudad de México.
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