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humanidad vivió en el inicio del siglo XX tanto las virtudes de
la revolución tecnológica, como sus consecuencias culturales.
En cada estrato, la relación del hombre con su ecosistema se fue
transformando rápidamente generando escenarios cuyas circunstancias
marcaron el tejido social y la forma de apreciar al mundo. Moreux vivió
en este caldo de cultivo nutriéndose de los contrastes entre la
guerra y la paz, entre la tradición y las vanguardias. La capacidad
y la calidad de su trabajo le ganaron la admiración de sus contemporáneos
con quienes decidió retomar los valores de la estética clásica.
La belleza en el arte para Moreux, debía estar orientada al legado
grecorromano cuya respuesta se enfrentaba al eclecticismo prevaleciente
que oscilaba entre la experimentación y las corrientes como el
déco y el nouveau.
Moreux estudió arquitectura y además tomó cursos
de Historia del Arte en la escuela del Louvre y de arqueología
en Chartes, pues consideró que en su momento la Escuela de las
Bellas Artes actuaba con negligencia ante las fuentes de la arquitectura
clásica como Blondel o Perrault.
La inquietud irrefrenable de Moreux se vertía en la pintura y siempre
llevaba consigo un cuaderno de bocetos con el que se inspiraba al realizar
su labor dentro del diseño. Trabajó investigando diversos
oficios como la talla en madera y la forja en metal para realizar sus
muebles considerados dentro de una etapa progresista. Su realización
en las artes decorativas evoluciona cuando recrea algunos modelos de la
antigüedad tras realizar con su amiga Bollette un viaje a Italia.
Moreux retoma en su trabajo un lenguaje arquitectónico y pone de
moda los ambientes naturalistas, que para los años 30’s habían
evolucionado hacia una tendencia neobarroca.
Su necesidad de aprender lo guía a emprender una carrera como museógrafo
y posteriormente se torna paisajista. En 1939 se casa y durante la ocupación
nazi se afilia al estado francés que al término de la guerra
le concede participar en la reconstrucción de la Francia devastada
por la guerra. Su excelente labor le merece el cargo de arquitecto y jefe
de los edificios civiles y del propio Palacio Nacional. Se le recuerda
por haber restaurado algunas galerías del Louvre, labor que lo
consagra como Oficial de la Legión de Honor en 1953 poco antes
de su muerte.
Luc Bouveret Antiquaire
Quai Voltaire 7.
París, 75007
Tel: 33 1 40 20 91 21
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